
Procesión Eucarística para Enfermos e Impedidos
Testimonio público de Fe católica y una de las más inveteradas prácticas de culto eucarístico es la procesión que tradicionalmente las parroquias, a través de sus correspondientes hermandades sacramentales, organizaban una o varias veces para que todos los fieles de la feligresía pudiesen cumplir con el precepto de recibir la santa comunión al menos una vez al año, durante el tiempo pascual.
En 1615, la antigua capilla del hospital de Santa Brígida y de las Santas Vírgenes, donde había sido fundada nuestra hermandad como corporación de penitencia en 1566, ya conocida por este motivo como Iglesia de La O, fue elevada a la categoría de ayuda de parroquia de la Real de Señora Santa Ana, con el fin de atender más directamente a la creciente población del sector norte del arrabal trianero. Desde ese momento, la Hermandad de La O comenzó a involucrarse con la nueva tarea que los sacerdotes adscritos a La O, dependientes del clero de Santa Ana, llevaban a cabo para la administración de los sacramentos. De este modo, la hermandad sufragó la pila bautismal original de la iglesia, hoy conservada en la parroquial de Camas, o la construcción y mantenimiento del sagrario que hubo de disponer desde entonces la iglesia.
Pero sin duda es la celebración pública del culto eucarístico lo que tradicionalmente concentró más esfuerzos y recursos de nuestra Archicofradía. Para nuestros antepasados, al contrario de lo que ahora ocurre, la posibilidad de sacar en procesión a Jesús Sacramentado era todo un acontecimiento, puesto que, no hay que olvidar que se trata de Cristo resucitado, realmente vivo y presente en las especies eucarísticas, el que es acompañado en procesión pública por las calles. Esto constituía un gran júbilo entre los vecinos, que se esforzaban en adornar las calles y el interior de patios de vecinos y casas donde había de entrar Su Divina Majestad.
Consta en nuestro archivo histórico, y así ha sido ya evidenciado por medio de algunas publicaciones, que la procesión de impedidos era con creces el gasto más importante que la Archicofradía llevaba a cabo a lo largo del año y así se conservan diversas crónicas que lo atestiguan, siendo el siglo XVIII el periodo de mayor esplendor, conservándose algunos testimonios del esplendor y composición de esta procesión:
Año 1752:
“Este año salió el Santísimo Sacramento a visitar los enfermos. Se hizo la procesión más solemne que en esta Ciudad se ha hecho, con más de 200 luces. Iban los ángeles vestidos con mucha riqueza, vestiduras blancas con sus insignias y motes con letras misteriosas. La Fe, La Esperanza y La Caridad las representaban tres niños con riquísimas vestiduras blancas, verdes y moradas. Otro significaba la Eucaristía y tres con las limosnas. Uno con la limosna y dos con el biscocho de dulce. Música, dos danzas, clarinetes y trompetas. Una escolta muy lucida de soldados y dos carrozas hermosísimas de respeto. Se visitaron trece enfermos. Saliendo los oficiales con sus baras, los seis faroles de plata con sus baras que iban junto al Señor. Se dio a cada enfermo seis reales y una libra de biscocho y otra de dulce. Se acabó a la una del día”.
Además de esto, la Archicofradía en colaboración con los vecinos, ayudaba a engalanar calles y patios para recibir a la procesión. Esta importancia de la procesión se ve de forma ejemplar durante los años difíciles en lo coyuntural y económico del siglo XIX. Consta que la corporación, ante la carestía dineraria, se veía obligada a elegir entre sacar la procesión de impedidos y la estación de penitencia, siendo la primera la que siempre primaba sobre la segunda. Una vez creada la segunda parroquia de Triana en nuestro templo, la práctica se mantuvo con el mismo esplendor y boato, aunque ya sin la dependencia pastoral de la parroquial de Santa Ana ni los pleitos y conflictos que su desarrollo acarreó entre la Hermandad Sacramental de aquella parroquia y la Archicofradía de La O.
Con el tiempo, esta prevalencia y prioridad fue desvaneciéndose hasta la segunda mitad del siglo XX cuando la procesión decayó hasta el extremo de dejar de celebrarse, argumentándose entonces que las nuevas prácticas pastorales habían convertido en innecesario este acto de culto ancestral. La Providencia y el tesón de algunos hermanos como nuestro recordado Rafael Díaz Díaz, hermano número 1 que fue de la Archicofradía durante largos años, consiguieron volver a reeditar esta bella muestra de culto eucarístico, entendida ahora como manifestación pública de culto a Jesús Sacramentado, muestra de autenticidad cristiana y del carácter eucarístico de nuestra corporación.
Actualmente, la procesión visita las casas de los enfermos de la feligresía que así los solicitan y que están durante todo el año atendidos por la pastoral parroquial de la salud. Por tanto, llevar solemnemente la sagrada comunión a estas personas permite hacer visible lo que discretamente realizan personas consagradas al servicio a los demás durante el año, así como poner de manifiesto que Parroquia y Hermandad son las mas veces una misma realidad.
El cortejo de la procesión de impedidos lo abre un acólito que lleva la esquila que anuncia el paso del Señor. A este le sigue un diputado y a continuación se dispone el guion sacramental, que acompañado de dos ciriales, señala la dirección en la que se encuentra el Señor. Tras el guion, se disponen parejas de hermanos y feligreses que portan cera roja encendida, las representaciones de las hermandades de nuestra feligresía, el libro de reglas de la Archicofradía portado por un pertiguero y acompañado de cuatro varas, el estandarte corporativo con igual acompañamiento y una presidencia con cuatro oficiales entre los que debe estar el señor teniente de Hermano Mayor, dejando el lugar central de la misma vacío, pues la presidencia del cortejo la ostenta Su Divina Majestad, que va bajo palio, precedida de faroles, acólitos con la cruz parroquial, ciriales e incensarios, así como acompañado de monaguillos que portan lo necesario para el desarrollo del culto eucarístico en los domicilios: cojín, bolsa de corporales, altar portátil y palmatoria. El cortejo se cierra con los fieles y devotos tras el palio y la banda de música que contribuye de manera destacada a solemnizar la celebración interpretando marchas de procesión y desfilando ante la Sagrada Eucaristía tras darse la bendición en la puerta del templo parroquial, al término de la misma.
La procesión de impedidos no es sólo el mantenimiento de una gloriosa tradición. Antes al contrario es la continuidad de una de las funciones primordiales de nuestra corporación: dar culto a Jesús Sacramentado.



