Retiro Virtual de adviento

Retiro Virtual de Adviento

¿Cómo se hace un retiro por internet?

  1. Programa el tiempo necesario para cada una de las jornadas, es aconsejable hacer una por día.
  2. Dedica el momento oportuno dentro de tu jornada, cuando tengas un rato de paz y no estés demasiado cansado para poderte concentrar.
  3. Elige un sitio tranquilo, donde puedas rezar  sin interrupciones, busca una vela para tener encendida, una Biblia pues habrá que ir buscando ciertos datos, y papel y bolígrafo para anotar.

Es aconsejable para que el Retiro Virtual tenga los mismos beneficios que un Retiro presencial, rezar en silencio, si no es posible, confesarnos, asistir a Misa, visitar el Santísimo Sacramento y sobre todo revisar nuestra vida diaria  a raíz de las lecturas y oraciones que se realizarán.

Programa diario

  • Cada día empezaremos con la Señal de la Cruz y  una oración, rezada muy despacio para comprender el sentido de la misma.
  • Leeremos el texto y al terminar reflexiona en silencio y saca tus propias conclusiones de lo aprendido, para poder llevarlo a cabo en nuestra vida diaria.
  • Oración final, Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

Tema:

  • 1er Día – San José y la conversión.
  • 2º  Día – San José y la esperanza.
  • 3er Día – San José y la alegría de la acogida.
  • 4º  Día – Reconocimiento de San José por la Iglesia.

Despliega a continuación las información de los diferentes días de este retiro:

En el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo..…

“Dios te salve, guardián del Redentor,
esposo de la Santísima Virgen María.
A ti Dios te confió a su único Hijo;
en ti María puso su confianza;
contigo Cristo se hizo hombre.
Bienaventurado José, muéstrate padre
también para nosotros,
y condúcenos por el camino de la vida.
Obtén para nosotros gracia, misericordia y valor,
y defiéndenos de todo mal. Amén”. Oración de Patris Corde, del papa Francisco.

La Virgen María, según la tradición, se había consagrado a Dios con el voto de la virginidad. Vivía en Nazaret y se celebraron los esponsales con José, como de costumbre tras la celebración se separaron y fueron cada uno a su casa a la espera de la ceremonia oficial que solía tener lugar un año después, aunque desde la fecha de los esponsales María era considerada ya como verdadera mujer de José.

Se sobreentiende que los dos, María y José en sus primeros encuentros hablaron de su voto de virginidad y tras la aceptación de José se produce una unión virginal, creada, ordenada y preparada por Dios.

El jesuita Bossuet dice “brillan aquí la dignidad de María y José La de María, porque su virginidad feliz fue escogida para dar a Cristo al mundo, la de José por habérsele confiado el cuidado de esa virginidad.”

María y José representan los verdaderos esposos, constituyen la esencia del matrimonio, no la unión de los cuerpos, sino la unión de los espíritus.

San Juan Crisóstomo decía, “el matrimonio no lo constituye la Unión carnal, sino la voluntad.”

Si María pronunció su fiat en la Anunciación y Jesús pronunció su fiat Getsemaní, José pronunció su fiat mediante sueño, que es una forma habitual que Dios utiliza para manifestarse en el Antiguo Testamento. José es el engranaje que une el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento.

No hay palabras de José recogidas en los Evangelios, solo se ve que actúa cuando comprende que los sueños que tiene son mandatos de Dios.

Después de enterarse del embarazo de María, pretende abandonarla en secreto, pero tiene su primer sueño.

Mt 1, 19-24.

“José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados». Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta: «Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”».“

Con este primer sueño y la aceptación del mandato de Dios comienzan a destacar sus virtudes

Silencio. El silencio de San José está impregnado de la contemplación del misterio de Dios, en una actitud de total disponibilidad a la voluntad divina. El silencio de San José, lejos de ser un vacío interior, es la plenitud de la fe, de aquella fe que lleva en su corazón y que guía todos sus pensamientos y todos sus actos. Un silencio gracias al cual san José, armónicamente con María, guarda la palabra de Dios, conocida a través de las sagradas Escrituras, comparándola continuamente con los acontecimientos de la vida de Jesús; un silencio que se entreteje con una oración constante, con una oración de bendición al Señor, de adoración de su santísima voluntad y de una confianza –sin reserva alguna– en su providencia.

Castidad de San José y de la virgen, que aceptan el plan divino.

Consentimiento y matrimonio casarse con María y vivir con ella como hermanos. María tenía plena confianza en la fidelidad de San José. El Espíritu Santo había inspirado en San José y María una actitud insólita en las costumbres de Israel. El matrimonio virginal de ambos fue un matrimonio válido y sin fingimiento porque lo que constituye al sacramento del matrimonio es propiamente el consentimiento de la voluntad ante el sacerdote.

San José es ejemplo de una de las virtudes que más necesitamos en nuestros tiempos. No solo frente al mundo sino también en la Iglesia misma. La figura de San José nos invita a re-descubrir y re-valorizar la castidad de la Iglesia Santa. La castidad en pocas palabras significa el dominio del hombre sobre los propios apetitos en orden al Bien, la Verdad y la Belleza. La castidad que es el respeto a la propia dignidad –ser hijos de Dios en el Hijo– y respeto al honor de toda la creación –redimida por Cristo–. La castidad también es el decoro delante de Dios y delante de los hombres. Somos vasos del Espíritu Santo, Dios mora en nosotros, somos miembros de Cristo, por ello no ensuciemos nuestros cuerpos con torpezas, nos dice San Pablo.

El amor de Dios y deseo del nacimiento del Niño Jesús. Cómo desearía San José ver ya al Niño Dios, adorarle, tomarle en sus brazos, llamarle hijo y demostrarle su amor. Si bien es cierto que María cargaba en su vientre al Hijo de Dios, Ella no se podía cuidar por sí misma, necesitaba de alguien que le ayudara a pasar por todo aquello que le sucedería durante el embarazo.

Durante los meses del embarazo de María, José fue creciendo en el amor al Hijo de Dios y a su esposa. Aquí serviría recordar todas las virtudes que cubren al santo de santos José. Podemos decir con toda seguridad que el compromiso que hizo José con Dios se vió reflejado en los actos que realizó con María y con el aún no nacido Jesús.

 

Padre Nuestro

Ave María

Gloria

En el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo..…

“Dios te salve, guardián del Redentor,
esposo de la Santísima Virgen María.
A ti Dios te confió a su único Hijo;
en ti María puso su confianza;
contigo Cristo se hizo hombre.
Bienaventurado José, muéstrate padre
también para nosotros,
y condúcenos por el camino de la vida.
Obtén para nosotros gracia, misericordia y valor,
y defiéndenos de todo mal. Amén”. Oración de Patris Corde, del papa Francisco.

 

Los hechos relativos a la vida de San José aparecen en los Evangelios de San Mateo y San Lucas. La Escritura no nos habla de la edad de San José cuando se casó con María ni de su vida anterior, solo se nos indica que era descendiente de la familia de David, procedente de Belén, fiel a la Torá, carpintero, aunque la palabra griega es “tektón”, es más amplia, artesano.

La genealogía de Jesús es muy importante, ya que profetizaba la venida de un Mesías, un futuro líder descendiente directo de la casa de David.

 

La genealogía en ambos Evangelios tiene similitudes y diferencias entre ellas, pero un nexo común, el rey David.

-Mateo comienzan a Abraham. Mt 1, 1-17.

-Lucas comienza en Adán. Lc 3, 23-38.

-Desde Abraham a David son idénticas.

-Mateo tiene 27 generaciones entre David y José.

-Lucas tiene 42 generaciones entre David y José.

-Mateo dice que el padre de José es Jacob.

-Lucas dice que el padre de José es Eli.

La discrepancia entre un Evangelio y otro viene por la ley antigua. Cuando una mujer quedaba viuda sin descendencia, estaba obligada por ley a casarse con el hermano de su esposo y el primogénito de este nuevo matrimonio debía ser contado como hijo del primer marido fallecido. Eli murió sin descendencia y su esposa Esthá se casó con Jacob. Por lo tanto, Jacob es el padre biológico de José, pero Eli es el padre legal.

-Mateo nombra a 5 mujeres, Tamer, Rabat, Ruth Betsabeth y María.

-Lucas solo nombra varones.

-Mateo divide su genealogía en tres bloques de 14 generaciones cada una. Esto es así porque en el mundo antiguo cada letra correspondía a un número y el nombre de David da el número 14, por lo que afianza aún más la descendencia real de Jesús y su carácter mesiánico.

Cuando en la Biblia se habla de San José como varón, justo se refiere a justo como un compendio de todas las virtudes. Justicia no es solo la virtud de dar a cada uno lo que es suyo, sino que equivale a Santidad y la Santidad no es otra cosa que el conjunto de virtudes y San José las practicó todas.

Cuando en los salmos se habla de hombre justo se refiere al hombre que cree y medita la Palabra de Dios, que obra el bien y se aparta del mal, que practica la rectitud, la sensibilidad y la sinceridad, odia la mentira y es de corazón puro, es decir, un hombre santo, y su virtud y santidad fue en aumento a lo largo de la vida por la convivencia con la Virgen María y con Jesús.

Se puede decir que San José es una figura fundamental en la historia de la salvación y de la Iglesia, porque fue el protector de la Sagrada Familia como esposo de la Virgen María y padre adoptivo de Jesús, al que Dios encomendó su vida, su cuidado durante su infancia en la tierra.

 

 

Padre Nuestro

Ave María

Gloria

En el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo..…

“Dios te salve, guardián del Redentor,
esposo de la Santísima Virgen María.
A ti Dios te confió a su único Hijo;
en ti María puso su confianza;
contigo Cristo se hizo hombre.
Bienaventurado José, muéstrate padre
también para nosotros,
y condúcenos por el camino de la vida.
Obtén para nosotros gracia, misericordia y valor,
y defiéndenos de todo mal. Amén”. Oración de Patris Corde, del papa Francisco.

 

De las narraciones evangélicas se desprende la gran personalidad humana de José: en ningún momento se nos aparece como un hombre apocado o asustado ante la vida; al contrario, sabe enfrentarse con los problemas, salir adelante en las situaciones difíciles, asumir con responsabilidad e iniciativa las tareas que se le encomiendan.

San Mateo pone constantemente de relieve la fidelidad de José, que cumple los mandatos de Dios sin vacilaciones, aunque a veces el sentido de esos mandatos le pudiera parecer oscuro o se le ocultara su conexión con el resto de los planes divinos.

Fe, amor, esperanza: estos son los ejes de la vida del Santo y los de toda vida cristiana. La entrega de José de Nazaret aparece tejida de ese entrecruzarse de amor fiel, de fe amorosa, de esperanza confiada.

Su protagonismo no viene por sus elocuentes discursos sino por su fe, su fidelidad al plan de Dios. Siempre aparece cumpliendo su misión, pero lo hace en un segundo plano, desde el silencio. Ni una sola palabra suya recoge la Escritura. Pero si se puede percibir en los Evangelios como San José escuchó al Ángel del Señor y cumplió siempre la voluntad de Dios.

A continuación, veremos los diferentes pasajes de la vida de Jesús donde está presente San José

-Empadronamiento en virtud del decreto del emperador Augusto como miembros de la Casa de David, María y José fueron a Belén.

Lc 2, 1-5

“Sucedió en aquellos días que salió un decreto del emperador Augusto, ordenando que se empadronase todo el Imperio. Este primer empadronamiento se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a empadronarse, cada cual a su ciudad. También José, por ser de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para empadronarse con su esposa María, que estaba encinta.”

-Nacimiento de Jesús, la providencia de Dios se valió del decreto del emperador Augusto para dar cumplimiento a las profecías de Miqueas, que anunció siete siglos antes que el Mesías nacería en Belén

Miqueas 5,1-2.

“Y tú, Belén Efratá,  pequeña entre los clanes de Judá, de ti voy a sacar al que ha de gobernar Israel; sus orígenes son de antaño, de tiempos inmemoriales. Por eso, los entregará hasta que dé a luz la que debe dar a luz, el resto de sus hermanos volverá junto con los hijos de Israel.”

El rey de Reyes, dueño de todas las riquezas del mundo, quiso enseñarnos con el ejemplo de su nacimiento el valor de la pobreza.

-Adoración de los pastores. Lc 2, 8-12

-Circuncisión e imposición del nombre de Jesús. Revelado a José en el primer sueño. Lc 2 , 21.

-Presentación de Jesús y purificación de María. Lc 2, 22.

-Profecía de Simeón. Lc 2, 25-32.

-Adoración de los Reyes Magos.

-Huida a Egipto.

Mt 2, 13-15. Segundo sueño.

“Cuando ellos se retiraron, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo». José se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta: «De Egipto llamé a mi hijo».”

La providencia de Dios interviene y los Magos son avisados para que regresen a su país sin informar a Herodes porque éste intenta matar al niño Dios. Tras el sueño, José con la Virgen y el niño parten a Egipto.

En esta ocasión José es el salvador del Salvador del mundo, padre amoroso, protector y custodio de la familia.

-Estancia en Egipto, allí permanecen entre 1 año o dos.

-Regreso a Israel. Tercer sueño.

Mt 2, 19-21.

“Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo: «Levántate, coge al niño y a su madre y vuelve a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño». Se levantó, tomó al niño y a su madre y volvió a la tierra de Israel.”

-Ir a Nazaret, Cuarto sueño.

Mt 2, 22-23.

“Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes tuvo miedo de ir allá. Y avisado en sueños se retiró a Galilea y se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo dicho por medio de los profetas, que se llamaría nazareno.”

-Vivir en Nazaret. Nazaret es una aldea o villorrio muy insignificante, de ahí la frase de  Natanael. Juan 1, 46 «¿De Nazaret puede salir algo bueno? ».. Aquí se desarrolla la infancia y vida oculta de Jesús junto a sus padres, aprendiendo de las virtudes de ambos.

-Jesús a los 12 años,

Lc 2, 41-46.

“Sus padres solían ir cada año a Jerusalén por la fiesta de la Pascua. Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Estos, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén buscándolo. Y sucedió que, a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas.”

Cabe destacar que lo que los hombres y las mujeres hacían el camino por separado, cuando finalmente es hallado en el templo la Sagrada Familia regresa Nazaret y a partir de ese momento no se dice nada más de San José.

-Muerte de San José. Se piensa que murió poco antes de comenzar a Jesús su vida pública, pues no aparece en las bodas de Caná. Parece lógico que si vivía estuviera invitado como María, ni en el resto de los hechos y milagros de Jesús a lo largo de su vida pública. Dice la tradición que el cuerpo de Jesús de San José no sufrió corrupción y resucitó el mismo día de la resurrección de Jesús.

 

 

Padre Nuestro

Ave María

Gloria

En el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo..…

“Dios te salve, guardián del Redentor,
esposo de la Santísima Virgen María.
A ti Dios te confió a su único Hijo;
en ti María puso su confianza;
contigo Cristo se hizo hombre.
Bienaventurado José, muéstrate padre
también para nosotros,
y condúcenos por el camino de la vida.
Obtén para nosotros gracia, misericordia y valor,
y defiéndenos de todo mal. Amén”. Oración de Patris Corde, del papa Francisco.

Hemos conmemorado el 150 aniversario de la declaración de San José patrón de la Iglesia Universal por el papa Pío IX en su decreto Quemadmodum Deus en 1870. Lo hizo cuando la Iglesia y el mundo estaban en crisis y se necesitaba desesperadamente una solución espiritual.

El papa Francisco parece haber llegado a la misma conclusión al animarnos en su Carta Apostólica Patris Corde («Con un corazón de padre») a honrar a San José de una manera especial. Nos animó a tomar su vida virtuosa como modelo para cumplir nuestra propia vocación a la santidad, especialmente en tiempos difíciles.

Cabe recordar que en 1909 el papa san Pío X aprobó las letanías de san José, invocándolo veinticuatro veces con diferentes títulos.

El papa Pío XII lo nombró Patrón de los Trabajadores en 1955 y estableció una fiesta el 1 de mayo.

El papa san Juan Pablo II le otorgó el título de “Guardián del Redentor” en su exhortación apostólica Redemptoris custos en 1989.

El papa san Juan XXIII y el papa Francisco insertaron el nombre de san José en las plegarias eucarísticas de la Misa.

El silencio en que se tenía al Santo Patriarca llevaba a pensar que estaba olvidado, pero estos son recordatorios que nos llaman a imitar su ejemplo. Los evangelistas simplemente lo mencionan quince veces, y solo los relatos de la infancia de Mateo y Lucas hablan de san José en persona. Después, simplemente desaparece de todo relato de la juventud de Jesús.

Podemos y debemos mirar a José durante estos días y reflexionar sobre su papel en la historia de la salvación. Al comienzo de la octava previa a la Navidad, rezamos las «Antífonas de la O» con la genealogía de Jesús, que termina la línea descendente en José, el esposo de su madre.

El papa Francisco en Patris Corde describió muchas características de José que hemos llegado a comprender y reflexionar.

Un título que usa tiene un sentido especial cuando dice que José fue «creativamente valiente». Ésta es una expresión intrigante. Lo explica diciendo: “Esto surge especialmente en la forma en que nos enfrentamos a las dificultades. Ante la dificultad, podemos darnos por vencidos y alejarnos, o de alguna manera comprometernos con ella. A veces, las dificultades sacan a relucir recursos que ni siquiera creíamos tener”. Por eso el papa Francisco señala que José “supo convertir un problema en una oportunidad confiando siempre en la divina providencia”. José era un soñador, pero no porque no fuera realista, sino porque meditaba sobre los mensajes del ángel. Fue «creativamente valiente» y sin miedo, escuchando con un corazón obediente a pesar de que estos mensajes que le llegaron en sus sueños habían perturbado sus propios planes.

Era proveedor y protector de la familia que Dios le había confiado, practicó el discernimiento y por ello aceptó la autenticidad de los mensajes recibidos en los sueños. Todos tenemos sueños, pero los suyos eran diferentes porque, como comunicaciones muy definidas de Dios, debían ser recibidas con una respuesta voluntaria.

El evento de la anunciación cambió la vida de María. Ocurrió lo mismo con José que también pronunció sus “fiats” sin tener en cuenta ningún inconveniente o misterio que envolvieran los mensajes recibidos. Nuestra salvación se basó en el «sí» de María y en el «sí» de José.

Uno de los títulos que la Iglesia le otorga a San José es el de Espejo de Paciencia. ¡Qué nombre más acertado! Tener que esperar junto con María los meses del embarazo, ayudándola en todo lo que fuera posible.

Esperar con José no es para nada una espera pasiva, es esperar con las manos a la obra, preparar la casa para la llegada de Jesús, cuidar de María para que pueda entregar al Divino Verbo al mundo. Es ponernos al servicio de Dios y de su Palabra, y hacerlo de tal manera que en cualquier momento Dios pueda voltear y pedirnos algo.

Nosotros celebramos el tiempo de Adviento preparándonos durante los cuatro domingos anteriores a Navidad para la llegada del Emmanuel. Para José ese adviento comenzó desde que el ángel le habló en sueños. Desde ese momento, él supo que estaría esperando al Hijo de Dios que nacería de María y probablemente a partir de allí supo también que el camino no sería nada sencillo.

Vivir el adviento de San José es estar preparándonos siempre, no solo las cuatro semanas anteriores a la Navidad. Esperar junto con el “Espejo de Paciencia” significa estar siempre atentos, vivir en sintonía con el plan de Dios y estar dispuestos a cumplirlo, aunque eso implique un cambio de nuestros propios planes. Y si tenemos miedo, vayamos a José que él nos pone el ejemplo e intercede por nosotros para imitarle en sus virtudes y amor a Dios.

Otro título que le da la Iglesia a San José es el de jefe de la Sagrada Familia, y como tal es que tuvo que actuar, él fue el agua sobre la cual María navegó durante su embarazo e incluso más adelante. Nadie puso en duda si José podría con la carga, simplemente se dió por hecho que cumpliría con su labor y que cuidaría de la virgen y de su hijo hasta que le fuera humanamente posible.

Es un hecho que no tenemos que cuidar a la Madre del Hijo de Dios como lo hizo San José, pero sí tenemos que cuidar que el mensaje del Hijo de Dios llegue a donde tenga que hacerlo, Dios nos pide ser el medio a través del cual el Unigénito siga convirtiendo a los corazones, nos pide cuidar de ese mensaje para que Jesús nazca en los hogares de quienes no le conocen, llevarlo a través de Egipto para que no caiga en las garras del relativismo y quede olvidado en forma de una ideología más. Nos pide ser como José, creyendo ciegamente en la Providencia de Dios, entregarnos a la tarea de dar la vida por Cristo, proteger su Palabra como si fuera nuestro propio hijo.

El Niño Dios quiere nacer, como cada año, en nuestra alma para irla empapando cada vez más de su gracia y unirse más íntimamente a nosotros; hay que saber agradecerle por tanta misericordia. En la oscuridad del sin sentido del mundo, San José y María esperan el nacimiento de Jesús. A prendamos de ellos el secreto del recogimiento y de la pureza íntegra de dos almas entregadas a Dios, para así gustar de la verdadera alegría de la Navidad Luz que se eleva en lo alto y nos purifica. Preparémonos para acoger con fe al Redentor que viene a estar con nosotros, el Emmanuel, la Palabra de amor de Dios para toda la humanidad.

 

Padre Nuestro

Ave María

Gloria

Conclusión: Danos tu opinión sobre este retiro e indica en que temas te gustaría profundizar en este tiempo de Adviento a través del correo formacion@hermandaddelao.es