Aquí me tienes, Señora,
dispuesto a aprender de Ti,
Maestra en decir que sí
cuando Dios marca la hora.
La O para pronunciarte
y Triana hecha corona
para darle a tu persona
toda su alma al coronarte.
Si no quedara un renglón
para un verso bastaría
sólo una letra, la mía…
la O de mi corazón.
Sobra el abecedario
de parte a parte,
una letra solo para nombrarte
¡qué plegaria tan breve sin apellido!
¡Qué caricia de plumas para el oído!
poema que al cantarte
nace a tus plantas
con una sola letra, habiendo tantas.
Obediencia morena
que en Ti nacía
para que se cumpliera
la profecía.
Y el cielo se ceñía
por tu cintura
y se volvió Sagrario
tu imagen pura.
Y en esa entrega tuya
Dios se hace Hombre
y de esa misma entrega
sale tu nombre.
Aquí me tienes, Señora,
dispuesto a aprender de Ti,
Maestra en decir que sí
cuando Dios marca la hora.
La O para pronunciarte
y Triana hecha corona
para darle a tu persona
toda su alma al coronarte.
Si no quedara un renglón
para un verso bastaría
sólo una letra, la mía…
la O de mi corazón.

