En el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo…..
Hch 2, 1-11.
1Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. 2De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. 3Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. 4Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse. 5Residían entonces en Jerusalén judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo el cielo. 6Al oírse este ruido, acudió la multitud y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. 7Estaban todos estupefactos y admirados, diciendo: «¿No son galileos todos esos que están hablando? 8Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa? 9Entre nosotros hay partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y Asia, 10de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros, 11tanto judíos como prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua».
El libro de los hechos de los apóstoles es la continuación del Evangelio de Lucas. El objetivo de este libro es hacernos descubrir cómo la Iglesia continúa la obra iniciada por Jesús, impulsada por su mismo Espíritu. Sin duda alguna, el Espíritu Santo es el protagonista de este libro, uno de los más importantes del Nuevo Testamento a pesar de ser tan poco conocido.
Es el Espíritu el que desciende en Pentecostés sobre los apóstoles y sobre la primera comunidad, robusteciendo su fe e impulsándonos hacia la obra evangelizadora. El Espíritu selecciona a los misioneros, desciende sobre los paganos convertidos, guía a Pedro y a Pablo en las horas difíciles, habla en su nombre ante los tribunales, orienta a la Iglesia en su crisis y controversias.
Lucas no habla de todos los apóstoles, sino fundamentalmente de Pedro y Pablo, protagonistas de dos etapas en la evangelización.
En resumen, podemos decir que el libro de los hechos de los apóstoles trata de hacernos descubrir cómo la Iglesia continúa la obra iniciada por Jesús, impulsada por el Espíritu Santo.
Los temas a tratar serían:
- Los discursos de Pedro y Pablo.
- La vida primitiva de la Comunidad.
- La universalidad de la fe.
Se divide en dos partes bien diferenciadas:
- Los hechos de Pedro, la Iglesia de Jerusalén, capítulos 1 al 12.
- Los hechos de Pablo, la Iglesia de los paganos, capítulos 13 al 28.
“Leer los hechos de los apóstoles es descubrir que el Espíritu Santo tiene un lugar fundamental en la vida de la Iglesia”.
El Evangelio termina con la resurrección y ascensión de Jesús, y ahí comienzan los hechos de los apóstoles. Jesús Resucitado hace gestos humanos como compartir una comida para que esperen “ser bautizados en el Espíritu Santo”. Hch 1,5.
El bautismo en el Espíritu Santo en la experiencia que nos permite entrar en una comunión personal con Dios y participar en su acción salvadora, adquiriendo el don de la Parresía, la valentía, es decir, la capacidad de pronunciar una palabra como hijos de Dios y no solo como hombres.
La espera del Espíritu Santo por parte de los apóstoles se vive en familia a través de la oración; solo con la oración, uno supera la soledad, la tentación, la sospecha y abre su corazón a la comunión. Y todo ello en presencia de María y de las mujeres.
A Judas le pasó justo lo contrario a lo anterior, Judas se alejó de Jesús para aferrarse al dinero para ser más que el maestro, y lo vendió. Cuando Judas se quitó la vida, la comunidad de los doce elegidos por Jesús se quiebra, por lo que Pedro decide que hay que elegir un nuevo apóstol con el único requisito de que debe ser discípulo de Jesús, desde el bautismo en el Jordán hasta la ascensión. Hay dos candidatos, José Barsabás y Matías, eligiendo finalmente a Matías y reconstruyendo así el cuerpo de los doce.
Cincuenta días después de la Pascua, en presencia de María y reunidos en oración de repente viene del cielo “un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso que llenó toda la casa en la que se encontraba”. Hch 2,2.
Dos claros símbolos del Espíritu Santo son el viento y el fuego, que recuerdan al arbusto ardiente en el Sinaí, donde Dios da su Palabra. En el Sinaí habla Dios, en Pentecostés, sin embargo, es Pedro, la roca sobre la cual Cristo ha elegido edificar su Iglesia, el que habla, a través del fuego del Espíritu Santo y se traduce simultáneamente a todos los idiomas para eliminar la barrera entre judíos y griegos esclavos y ricos.
El primer fruto de Pentecostés es el crecimiento de la comunidad, recibiendo el bautismo y a la vez el don del Espíritu Santo.
Los cristianos escuchaban las enseñanzas de los apóstoles, recuerdan al Señor, a través de la fracción del pan, oran con Dios y fomentan el compartir y la solidaridad, es decir, la limosna.
Los apóstoles también realizan milagros, “no tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy. En nombre de Jesucristo Nazareno, ponte a andar”. Hch 3,6.
Este milagro se produce en el templo a la hora nona, es decir, las tres de la tarde, cuando se produjo el sacrificio de Jesús. La comunidad cristiana nace de la efusión del Espíritu Santo y crece gracias al fermento de compartir, vendían campos, casas y los ponían a los “pies de los apóstoles y se repartían a cada uno según su necesidad”. Hch 4,34-35.
Pedro hace las obras de Jesús lleno del Espíritu Santo. Esta acción sanadora de Pedro despierta el odio, y la envidia de los saduceos, que lo encarcelan a los apóstoles y les prohíben a enseñar. Entonces fueron milagrosamente liberados y Pedro ofrece una clave de vida cristiana, “hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”. Hch 5,29. “yo obedezco a Dios delante de los hombres”.
La persecución de los cristianos es siempre la misma, personas que se sienten amenazadas, los encarcelan y le dan muerte, pero en el Sanedrín, Gamaliel toma la palabra y enseña a sus hermanos a practicar el arte del discernimiento, dado que algunos personajes que se habían hecho pasar por el Mesías primero tienen mucho éxito, pero luego se desvanecen. Pero si alguien proviene de Dios, es mejor renunciar a combatirles y advierte, “no sea que estemos luchando con Dios”. Hch 5,39.
Los apóstoles ante el aumento de la comunidad, dividen las tareas creando los diáconos, que se ocupan del servicio de los comedores. Son custodios de la Iglesia los más conocidos son Esteban y Felipe.
Esteban es acusado por falsos testigos y condenado a muerte por lapidación. Hasta el momento de su muerte sigue creyendo en Jesús,” Señor, no les tengas en cuenta este pecado” Hch 7,60.
Felipe, sin embargo, comienza a evangelizar en ciudades del Sinaí y allí se encuentra con un alto funcionario de la Reina de Etiopía que está leyendo el cuarto canto del siervo del Señor del profeta Isaías, pero en sin entender muy bien lo que significaba. Felipe se presta para guiar y reflexionar sobre el texto y la Sagrada Escritura, guiado siempre por el Espíritu Santo.
El joven Saulo, con el permiso del sumo sacerdote, se dedica a perseguir y capturar cristianos. El resucitado toma la iniciativa y se manifiesta a Saulo camino de Damasco, hecho que se narra hasta tres veces en este libro.
A través de la luz y de la voz, Jesús se manifiesta y deja cegado a Saulo que se vuelve un ser débil y dependiente. Cuando Saulo recibe el bautismo y se convierte en Pablo, da comienzo una nueva vida para él y se convierte en un hermano en Cristo.
Pedro vive un acontecimiento que marca un cambio decisivo para su existencia, tuvo una visión donde bajaban unos animales y se le invita a comer de ellos. Pedro se niega por ser impuros y la voz le dice” lo que Dios ha purificado, no lo llames tú profano”. Hch 10,15.
Después de esta visión, Pedro es enviado a casa de Cornelio, un pagano que, por medio del Espíritu Santo, se convierte y se bautiza. Los hermanos de Pedro le reprochan este acto, pero Pedro se siente liberado porque ha realizado la voluntad de Dios, abrirse a todos los pueblos, incluso los paganos.
Padre Nuestro
Ave María
Gloria

