Paso Jesús Nazareno

PATRIMONIO PROCESIONAL

Paso de Nuestro Padre Jesús Nazareno

Como obra de arte colectiva, aunque en principio diseñada y ejecutada en gran medida por el tallista sevillano José Martínez Martínez, el paso de Nuestro Padre Jesús Nazareno, tal y como lo apreciamos hoy, es el resultado de las aportaciones artísticas y artesanales de sus primeros autores, aquellos que tras el acuerdo del cabildo celebrado el 30 de junio de 1976, recibieron el encargo de su creación más otras importantes que se han ido sumando hasta configurar su estado actual; principalmente entre 2009 y 2016, en el marco de un ambicioso programa de restauración, remozamiento y mejora del paso.

Antiguo paso de Jesús Nazareno
Antiguo paso de Jesús Nazareno (1950)

El actual paso viene a sustituir a las viejas andas procesionales realizadas originalmente en 1846 y transformadas profundamente a finales del siglo XIX. Estas andas, de elegante diseño presentaban mal estado de conservación. Este y otros motivos de carácter estético motivaron su sustitución por lo que fueron vendidas a la Hermandad del Santo Entierro de Carmona, quien las posee en la actualidad. Se sabe que con anterioridad la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno salía en procesión sobre la canastilla que realizara Miguel Franco en 1685 y a la que se añadieron seis cartelas con relieves de Pedro Roldán que se conservan hoy en la citada hermandad carmonense, pues pasaron al paso estrenado en 1846, y cuatro ángeles pasionarios que hoy han desaparecido.

Concebido con la gracia y el movimiento propios del estilo neobarroco de segunda etapa, dentro de la denominada por algunos autores «segunda edad de oro de la Semana Santa sevillana», aquella que abarca desde principios del siglo XX hasta nuestros días, su fisonomía se inspira claramente en modelos de éxito reconocido como las andas procesionales del Señor del Gran Poder, obra de Francisco A. Ruiz Gijón (finales del s. XVII), trasunto del retablo barroco clásico español, que por su influencia se ha convertido en auténtico paradigma del paso tallado en madera y dorado, al que se añaden esculturas decorativas dentro de un programa narrativo o iconográfico que le da sentido a todo el conjunto.

El proyecto, firmado por José Martínez, definía las formas del paso, que consta de canastilla, moldura, respiraderos, maniguetas y cartelas. En las esquinas figuran en hornacinas esculturas de los cuatro evangelistas y sobre las cornisas se disponen ocho ángeles niños de los cuales sólo se llegarían a realizar la pareja de la delantera y la que figura en la trasera. Cuatro cabezas más de ángeles niños realizadas por Martínez se insertaban en los costeros del canasto.

Cartelas del paso
Cartelas del paso

La talla de la canastilla, respiraderos y cartelas, correspondió a José Martínez y sus oficiales, mientras que el dorado corrió a cargo de Antonio Sánchez González. La carpintería de los respiraderos y canastilla corresponde a José Rodríguez Rey, mientras que las esculturas de los evangelistas y ángeles fueron realizadas por Rafael Barbero. Todo ello entre los años 1976 y 1979.

Todo el conjunto se asienta sobre una estructura y parihuela de madera realizada en los talleres de carpintería religiosa y tallas de Manuel Caballero Farfán, que vino a sustituir en el año 2009 a la original metálica para dar más consistencia al paso, evitando así los daños que ésta venía provocando como consecuencia de sus vibraciones y la falta de solidez, en la talla del canasto y algunos desajustes en el ensamble de piezas.

La moldura, o moldurón, se configura como el espacio más sobrio del conjunto, marca la transición entre la canastilla y los respiraderos y recorre longitudinalmente el perímetro de la mesa. Rítmicamente tallado con motivos vegetales y levemente proyectado al exterior sobre las cartelas, desde él cuelgan los respiraderos, articulados por sendas molduras mixtilíneas lisas que se cruzan entre sí, los recorren de uno a otro extremo y marcan sus límites inferiores. Sus movimientos van creando sucesivos espacios decorativos a la vez que rompen la abigarrada decoración, los principales dicados a cartelas y medallones, y los secundarios para albergar los jugosos cogollos vegetales que lo invaden todo. Los vértices se rematan con veneras, motivo que también preside las cuatro esquinas del paso, que se perfilan como robustas columnas de fustes fitomórficos y planta semicircular terminadas en punta.

 

Paso de Nuestro Padre Jesús Nazareno
Paso de Nuestro Padre Jesús Nazareno

 

Sobre la mesa, la canastilla se erige como pieza fundamental donde se alcanza la plena manifestación del estilo, por cuanto está libre de las lógicas limitaciones funcionales impuestas a los respiraderos. Así, su planta sinuosa, aunque contenida y elegante, se caracteriza por la búsqueda del movimiento y cierta profundidad en los planos, juego de luces y sombras que produce hermosos efectos pictóricos. Con tres fajas bien diferenciadas, gana altura partiendo de un fuerte basamento formado por la superposición toros labrados, escocias y listeles que dan paso al ancho bombo central, reproduciendo los veinte planos distintos, entrantes y salientes, dibujados por la base. Aquí, la tupida trama vegetal vuelve a invadirlo todo en una sucesión de carnosos acantos, arracimados o ceñidos en los centros cóncavos por bandas de cuentas de collar. Los cuatro planos secundarios salientes de los costados están rematados por sendas cabezas aladas de ángeles querubines, obras de David Segarra Pérez en 2015, que sustituyen a las anteriores de José Martínez. Están talladas en madera de cedro, estofadas y policromadas con virtuosismo, imbuidas de un marcado carácter naturalista y con un tratamiento fisionómico diferenciado que las aleja del típico isomorfismo barroco para estas representaciones, que justifica iconográficamente su presencia en el paso, junto a los cuatro querubes de Barbero que jalonan las cornisas delantera y trasera del canasto, como señalamiento y demarcación del plano sobrenatural que se abre sobre ellos.

San Mateo
San Mateo

El otro gran argumento iconográfico del paso se desarrolla en los relieves narrativos de la Pasión de Cristo labrados en siete cartelas. La octava, situada en el respiradero frontal, muestra el escudo corporativo de la Hermandad. Al igual que las cabezas aladas de ángeles querubines, son obra de David Segarra Pérez entre los años 2012 y 2015 vinieron a sustituir las anteriores de José Martínez, como hito fundamental de la reciente renovación y enriquecimiento de las andas, junto al magnífico dorado y estofado de motivos florales por Enrique Castellanos Luque, que entre 2009 y 2012 rescató de una gruesa capa de yeso los ricos volúmenes de la talla original poniendo de manifiesto toda su calidad artística. El programa reproduce las mismas escenas anteriores, con los pasajes evangélicos de la Semana Santa Trianera, a excepción de las dos de los respiraderos laterales, que contenían dos advocaciones gloriosas del barrio muy cercanas a la Corporación, la Virgen del Rocío y la Virgen del Carmen, sustituidas ahora por La Oración en el Huerto y La Coronación de Espinas, pasajes que se creen vinculados a la tradición procesional desde tiempos de Pedro Roldán y que ya figuraban en las anteriores andas del Señor adquiridas por la Hermandad del Santo Entierro de Carmona. Todo ello con un tratamiento distinto, tanto escenográfico como artístico. Las cartelas incorporan más personajes que las anteriores, de sentida teatralidad y naturalismo, tallados en alto relieve con profusión de detalles en distintos planos de profundidad y fondos paisajísticos o arquitectónicos que contribuyen al estudio de la perspectiva. La preocupación por el color se manifiesta en el minucioso acabado de policromías y estofados al temple, ejecutados con maestría, que aproximan sus figuras con estudiada intencionalidad a los cuatro Evangelistas de Rafael Barbero, restaurados así mismo por Segarra en el año 2011.La tercera faja del canasto, que recoge y proyecta al espacio todo el movimiento transmitido desde el bombo, se decora en su totalidad con trama vegetal de acantos y sendas guirnaldas florales, estofadas y policromadas al temple por Beatriz Barrientos (2011), en cada uno de los intersticios laterales. Su coronamiento se completa con una cornisa mixtilínea que remarca en altura los espacios dedicados a esculturas decorativas y cartelas, configurando frontones partidos que se enrollan en forma de volutas, decorados a su vez con crestas vegetales y venera central. En las esquinas, socavando las tres fajas en toda su altura, se sitúan las capillas dedicadas a los cuatro Evangelistas sedentes de Barbero, que cierran el círculo del programa iconográfico del paso como testigos directos y privilegiados narradores de los pasajes de la Pasión desarrollados en las cartelas. Sus pronunciados escorzos y el tratamiento de los paños, con profusión de pliegues voluptuosos que dejan entrever la anatomía, nos hablan de un estilo barroco pleno, mientras que sus estilizadas figuras nos remiten a cierto regusto manierista que convive en perfecta conjunción. De arquitectura caprichosa, las capillas quedan enmarcadas por dos pilastras curvadas, con vistosos pendientes florales adosados, y un frontón partido por la ornamentación rematado en volutas, conteniendo en su interior la cúpula avenerada que da cobijo a estas piezas maestras de la imaginería menor de Barbero.

Detalle del paso
Detalle del paso

Finalmente, todo trasciende al plano superior, donde tiene lugar la escena del Vía Crucis y la visión simbólica que protagoniza la efigie de Nuestro Padre Jesús Nazareno, que bajo el peso de su Cruz de carey y plata, camina ayudado por la figura secundaria del ángel «cirinero», obra neobarroca de José Manuel Cosano Cejas. Pieza de indudable calidad plástica que se incorpora al paso del Señor en el año 2004, rescatando así una iconografía utilizada por la Hermandad en distintas fases históricas.

Todo el conjunto está rematado e iluminado por cuatro grandes faroles labrados en metal dorado, de corte algo más clásico, según diseño exprofeso y ejecución de los talleres de Orfebrería Triana para este paso en 1977, siendo su diseño de Antonio Pérez Barrios, la construcción y lampistería de Francisco Fernández y el cincelado de los mismos a cargo del orfebre Juan Borrero Campos. Su morfología ha sido relacionada en muchas ocasiones con los grandes faroles que iluminaban los castilletes de popa de los galeones españoles, en correspondencia con la estrecha relación de Triana y la náutica.