Templo de La O

Templo

Una de las fechas más significativas en la Historia de la Hermandad de la O es el año 1615, año en que el Arzobispo de Sevilla don Pedro de Castro y Quiñones decidió convertir la Iglesia del Hospital de Santa Brígida, residencia canónica de la Hermandad de la O, en ayuda de la Parroquia de Santa Ana de Triana. La razón principal era el crecimiento urbanístico y demográfico del barrio de Triana, sobre todo por el sector norte y la imposibilidad que tenía la Parroquia de Santa Ana de atender las necesidades espirituales de todo el barrio.

Fachada del templo
Fachada del templo

A partir de esta fecha se permitía la celebración de los Sacramentos en la Iglesia de la O y el derecho que tenía la Hermandad de salir por las calles de su feligresía en procesión, acompañando solemnemente a Jesús Sacramentado en Pascua Florida y en las ocasiones que la Hermandad considerase necesario para poder llevar el viático a los vecinos enfermos. En conmemoración de esta efeméride, se le concedió a la Iglesia el Jubileo de las Cuarenta horas, un acto que coincidió con la festividad de la Virgen de la O y que, según consta en el archivo de la Hermandad, se celebró “… con mucha pompa y solemnidad…”

De gran importancia para la historia de la Hermandad fue la priostía de don Antonio Ramos Mexías, a la Junta de Gobierno por él presidida se deben una serie de cambios de gran importancia para la Hermandad. En 1685se decidió encargar al imaginero Pedro Roldán el Nazareno que aún hoy día es el Titular de la Hermandad. No cesó en su empeño don Antonio Ramos Mexías de engrandecer la Hermandad de la O y su patrimonio. A los pocos años, en 1697, propuso a los hermanos de la O derribar el Hospital de Santa Brígida, sede canónica de la Hermandad y edificar un nuevo templo. El prioste era consciente de las dificultades que entrañaba su nuevo proyecto, pues la situación económica de la Hermandad era complicada, en una Sevilla y un país sumidos en una crisis económica grave. Este personaje sabía que no tendría el apoyo económico de la institución eclesiástica, pero las dificultades no impidieron que don Antonio siguiera adelante con su proyecto; era consciente que el edificio amenazaba ruina y que no era el lugar apropiado para la Hermandad, pero estaba convencido que el nuevo edificio, el templo y otras dependencias, podrían levantarse, aunque fuese, como figura en el archivo de la Hermandad, “… a costa exclusiva de hermanos y devotos…”

Plano del templo
Plano del templo

La segunda condición impuesta por el arzobispado sevillano para la demolición del Hospital de Santa Brígida era que la Hermandad de la O tenía que buscar una casa “decente” donde pudieran seguir prestando los servicios eclesiásticos que venía prestando la Hermandad desde que fue nombrada ayuda de Parroquia. Esta segunda condición impuesta por el arzobispo don Jaime de Palafox era obvia, la Iglesia del Hospital de Santa Brígida era imprescindible para atender las necesidades religiosas de una buena parte del barrio de Triana. En consecuencia, antes de derribar el edificio, los hermanos de la O tuvieron que buscar el lugar adecuado para seguir administrando los sacramentos. Finalmente se optó por una casa muy próxima al Hospital, “en frontera” que se adornó y adecentó convenientemente para poder seguir dando el culto religioso. Así se recoge en la documentación:
“… hecho su altar y en él colocado la Imagen de Nuestra Señora con mucho aseo… y asimismo vio una alazena en la pared para la guarda de los Santos Óleos… pila de agua bendita y campana…”

La rica documentación depositada en el archivo nos permite conocer con exactitud todos los aspectos relacionados con la construcción de la Iglesia. Los planos del edificio fueron trazados por los arquitectos don Félix y don Pedro Romero, hijos del Maestro Mayor de Fábricas del Arzobispado de Sevilla don Pedro Romero, y levantados por el cantero don Antonio Gil Gataón. También intervino en la obra don Diego Antonio Díaz, yerno de don Pedro Romero, y siguiente Maestro Mayor del Arzobispado.

Portada del templo
Portada del templo

En esta obra no estuvo sólo don Antonio Ramos Mexías, junto a él estuvo el fraile mínimo Fray Diego Pérez, conocido en Sevilla como “el apóstol de Triana”, fraile que mantuvo una intensa relación con la Hermandad de la O y con los feligreses del barrio. El fraile mínimo murió a los pocos años de inaugurarse la obra del nuevo templo. Tan importante fue la labor de Fray Diego Pérez, que don Antonio Ramos Mexías escribió:

“… en diferentes ocasiones, le persuadió… hiciese la Iglesia nueva, porque en ella se había predicar y hacer gran fruto en las almas. Y que exponiéndole que medios se debía de hacer, porque la Hermandad de la O no tenía rentas, le respondía que derribase y que si no, vendría con la palanqueta a derribarla porque convenía para honra y gloria de Dios que se hiciese dicha obra. Y que le alentaba asegurándole que todo se había de facilitar, Que fue el paso de Dios y que así era su voluntad…”

Una vez levantado el edificio, se puede describir como de planta de salón con testero plano, dividida en tres naves por columnas de mármol rojo sobre basa, con fuste liso y de orden toscano, del que surgen arcos de medio punto. Las tres naves están levantadas casi a la misma altura, cubierta la nave central con una bóveda de cañón con lunetos y las laterales con bóvedas de arista. La solución adoptada para las capillas de la cabecera y las situadas en los pies del edificio fue colocar bóvedas vaídas.

Del nuevo edificio destaca su portada, ejecutada en mármol rojizo con pilastras de orden toscano, levantadas sobre plintos. Sobre el capitel hay un friso decorado con metopas y triglifos, rematándose con un frontón circular partido en el que se coloca el escudo de la Hermandad portado por dos ángeles. En el año 1699 quedó terminada la bella torre que completa y remata el edificio, con un cuerpo de campanas decorado, en un primer momento, con columnas salomónicas y ángeles portadores de motivos marianos. Esta torre, en la que predominan líneas curvas y perfiles muy movidos, se va a convertir en uno de los más bellos ejemplos del barroco sevillano.

Interior del templo
Interior del templo

Junto al templo propiamente dicho, el nuevo edificio contaba con sacristía, sala de cabildos y unos almacenes para guardar los enseres propios de la Hermandad.

El nuevo edificio se acabó de construir el 20 de febrero de 1702 y tres días después la Hermandad obtuvo permiso del provisor para bendecirlo y entronizar el Santísimo Sacramento trasportándolo desde la casa frontera donde había permanecido durante las obras, de lo que se encargó D. Nicolás Fernández de Rivera, cura más antiguo de la Parroquia de Santa Ana y asistente de la iglesia de Nuestra Señora de la O. A continuación ofició la primera misa con la concurrencia del clero de la parroquia.

En los cinco días siguientes se celebró con funciones solemnes la erección del nuevo templo de Nuestra Señora de la O, que costearon instituciones principales de Sevilla: el día 24 el Deán y Cabildo de la Santa Iglesia Catedral, el día 25 la comunidad de frailes dominicos del convento de San Jacinto, el día 26 la comunidad de frailes mínimos del convento de la Victoria, el día 27 los frailes agustinos del convento del Pópulo y el día 28 costeó y presidió la celebración el Cabildo Secular de la Ciudad.

Pero la Hermandad no sólo se conformó con levantar un elegante, fino y airoso edificio, pues éste fue paulatinamente engalanándose, adquiriendo los altares y retablos necesarios para el culto. En 1710, a los pocos años de la inauguración de la Iglesia, se le encargó a Miguel Franco la construcción del altar mayor, que fue inaugurado solemnemente el 17 de diciembre de 1716, una fecha muy señalada para la Hermandad de la O. Este día se celebraba “la candelá de la Virgen” y coincidía con el primer día del Jubileo Circular y víspera de la fiesta de onomástica de la Virgen… Aunque el retablo sólo estaba tallado y sin dorar se inauguró con toda la solemnidad posible. Para tan señalado acto hubo una especial función religiosa, que fue dirigida por el P. Francisco Fernando de Góngora. Todo parece indicar que el retablo mayor no era idéntico al actual, habiendo desaparecido algunas de las esculturas primitivas, aunque sí permanece igual la estructura arquitectónica. Esta levantado sobre un banco que soporta tres calles separadas por cuatro columnas salomónicas, decorándose el fuste de las dos columnas externas con sarmientos y ramos de uva y espigas de trigo, un recurso muy utilizado en el barroco, símbolo paradigmático de la Eucaristía y la Fe: así como las columnas sostienen un edificio, la Eucaristía es el sostén fundamental de la Fe.

Torre del templo
Torre del templo

¿Pudo tener otro simbolismo esta decoración de espigas y vid? Es más que probable que también simbolizara el Carácter Sacramental que tan orgullosamente defendía la Hermandad de la O desde que fuera nombrada Ayuda de Parroquia y por eso sobre el camarín de la Virgen hay otro más pequeño, en el que se exponía el Santísimo Sacramento los días de culto. Una Custodia se mantuvo presidiendo el Retablo Mayor hasta el año 1996, en que se restauró el retablo, colocándose desde ese momento una escultura de San Miguel, que aún observamos en la actualidad.