Retiro Virtual de Cuaresma

Retiro Virtual de Cuaresma

¿Cómo se hace un retiro por internet?

1-Programa el tiempo necesario para cada una de las jornadas, es aconsejable hacer una por día.

2-Dedica el momento oportuno dentro de tu jornada, cuando tengas un rato de paz y no estés demasiado cansado para poderte concentrar.

3-Elige un sitio tranquilo, donde puedas rezar tranquilamente, busca una vela para tener encendida, una Biblia pues habrá que ir buscando ciertos datos, y papel y bolígrafo para anotar.

Es aconsejable para que el Retiro Virtual tenga los mismos beneficios que un Retiro presencial, rezar en silencio, si no es posible confesarnos, asistir a Misa, visitar el Santísimo Sacramento y sobre todo revisar nuestra vida diaria  a raíz de las lecturas y oraciones que se realizarán.

Programa Diario

Cada día empezaremos con la Señal de la Cruz y  una oración, rezada muy despacio para comprender el sentido de la misma.

Leeremos el texto y al terminar reflexiona en silencio y saca tus propias conclusiones de lo aprendido, para poder llevarlo a cabo en nuestra vida diaria.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

Tema:

1º Día: Introducción.

2º Día: Primer Cántico. Introducción del Siervo elegido.

3º Día: Segundo Cántico. La Misión del Siervo.

4º Día: Tercer Cántico. Siervo obediente y firme.

5º Día: Cuarto Cántico. Siervo sufriente.

Despliega a continuación las información de los diferentes días de este retiro:

En el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo..…

Is 41, 26-29

26 ¿Quién lo anunció desde el comienzo

para que lo supiéramos,

y de antemano,

para que dijéramos: «Es así»?

Pero no: ninguno anuncia,

ninguno proclama

 y ninguno escucha vuestras palabras.

27 Yo fui el primero en anunciarlo en Sión:

 «Mirad, helo aquí»,

y envié un heraldo a Jerusalén.

28 Miré en torno, pero no había nadie,

nadie a quien pedir consejo

y que pudiera responder.

29 Todos ellos no son nada,

vacías son sus obras,

viento y caos sus estatuas.

 

En Semana Santa se leen en la Eucaristía los cuatro cánticos o poemas del Siervo:

  • Lunes Santo, primer cántico, Is 42, 1-7.
  • Martes Santo, segundo cántico, Is 49, 1-6.
  • Miércoles Santo, tercer cántico, Is 50, 4-9.
  • Viernes Santo, cuarto cántico, Is 52, 13-15, 53, 1-12.

 

Pertenecen al segundo libro de Isaías o deutero Isaías, llamado también “Libro de la Consolación”, capítulos 40-55.

El Siervo de Yahvé o pueblo de Israel es el que anunciará la salvación, que será la luz de las naciones, que se ofrecerá que se ofrecerá a la muerte para salvar a todos y que finalmente será glorificado por Dios.

El Siervo, es un personaje individual, que oye e ilumina, es justo y tiene una fe decidida y fuerte, su misión se extiende por igual a todas las naciones sin ningún matiz nacionalista. Es una salvación puramente espiritual y desprovista de todo matiz político, para todas las almas de buena voluntad, cualquiera que sea su nacionalidad. Un grupo, “nosotros”, como un coro, habla meditativamente del Siervo y de su relación con el coro, con otros “muchos” (Is 53,11) y con el Señor; se acusa de ceguera e incapacidad para reconocer lo que estaba sucediendo: el Siervo, un ser despreciado y humillado por Dios y por los hombres; y se reconoce el valor y el significado del dolor y del sufrimiento del Siervo. El profeta ve en este dolor una misión confiada por Yahvé y que el Siervo ha aceptado con toda generosidad y entrega, con pleno conocimiento de causa: la de redimir al mundo cargando sobre sí los pecados de los hombres, sus dolores y enfermedades, como víctima de expiación vicaria para cumplir el plan de Dios sobre la humanidad. Por este sufrimiento total, en el que se cumplen los designios de Dios, el Siervo padece y recibe la vida y una posteridad innumerable que se prolonga más allá de la muerte.

Los judíos interpretaron este anuncio cómo la llegada de un personaje concreto que en el Nuevo Testamento se refleja cómo Jesús Salvador de todas las naciones.

En los cuatro cánticos se habla cada vez con mayor precisión de la misión del Siervo y con creciente intensidad se van descubriendo los sufrimientos que tendrá que soportar, donde se describen la fatiga, las dudas y los golpes hasta la muerte, para ser finalmente glorificado por Dios.

 

El mensaje es muy claro, Dios Padre de amor, salvó al mundo por los sufrimientos de su Hijo, no con batallas, conquistas y triunfos, si no con entrega silenciosa, sufrimiento y, en definitiva, con amor gratuito, sin condiciones que salvará al mundo. Dios cuenta con nosotros para salvarnos con la misma lógica usada con su Hijo.

 

 

Las principales características de estos cánticos son:

  • Obra del siervo: traer y restaurar la justicia y hacer expiación del pecado.
  • Extensión de la obra: no solo se limita al pueblo de Israel, sino también a los gentiles.
  • Humillación: el Siervo sufrirá.
  • Carácter: humilde, compasivo, obediente, confiando en el Señor y libre de pecado.
  • El Siervo sostenido por Dios en todo momento y ungido por su Espíritu.
  • Exaltación después de la muerte expiatoria y sepultura, Dios se encargará de su resurrección.

 

En resumen, el humilde e impecable Siervo en medio de una gran tribulación, hará justicia entre los judíos y los gentiles, siendo sostenido por el espíritu de Dios y grandemente exaltado después de su vida en expiación por los pecados del mundo.

El anuncio del reinado de Dios, la pretensión de reunir a las ovejas perdidas de la casa de Israel, empalma con la misión del Siervo del canto primero.

La hostilidad de los sacerdotes y saduceos inducen a situaciones semejantes a las reflejadas en el canto segundo.

Sus curaciones, palabras de consuelo, defensa de personajes maltratados como la adúltera, la pecadora de Magdala o la viuda que solo puso dos monedas en el Templo evocan el canto tercero.

Y todo esto nos prepara para la subida a Jerusalén y para un destino inaudito, como el que comenta el canto cuarto.

Jesús, en seguimiento a los profetas de Israel, proclama que la relación del hombre con Dios no se basa en usos y obligaciones religiosos, sino en relaciones humanas.

 

Padre Nuestro

Ave María

Gloria

En el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo…..

Lunes Santo, Is 42, 1-7.

 

1Mirad a mi siervo, a quien sostengo;

mi elegido, en quien me complazco.

He puesto mi espíritu sobre él,

manifestará la justicia a las naciones.

 2No gritará, no clamará,

no voceará por las calles.

3La caña cascada no la quebrará,

 la mecha vacilante no la apagará.

Manifestará la justicia con verdad.

4No vacilará ni se quebrará,

 hasta implantar la justicia en el país.

En su ley esperan las islas.

 5Esto dice el Señor, Dios,

 que crea y despliega los cielos,

consolidó la tierra con su vegetación,

da el respiro al pueblo que la habita

y el aliento a quienes caminan por ella:

6«Yo, el Señor,  te he llamado en mi justicia,

te cogí de la mano, te formé

e hice de ti alianza de un pueblo y luz de las naciones,

7para que abras los ojos de los ciegos,

saques a los cautivos de la cárcel,

de la prisión a los que habitan en tinieblas. 

 

El primer canto se lee el Lunes Santo como primera lectura, puesto en la boca de Dios, que presenta a su elegido, sobre el que enviará su Espíritu para que pueda cumplir su misión: dictará la ley a las naciones, implantará Justicia y el derecho y todo esto sin violencia y sin alzar la voz.

Es un breve poema estilizado en la forma de un discurso divino. Se trata de dos cánticos, aunque unidos temáticamente Is 42,1-4,5-7. A este, como a los demás cantos del siervo, se le dio pronto un sentido mesiánico y de ellos se sirvieron los autores del Nuevo Testamento para entender mejor la figura de Jesús. La liturgia cristiana, en seguimiento del Nuevo testamento, lo ha asumido y aplicado a Jesús. Yahvé es el que habla y hace la presentación del Siervo en forma y figura tomadas de los usos y costumbres de la corte.

El texto, en cuestión, muestra un personaje ligado de un modo particularmente estrecho al Señor. Él lo ha elegido, lo sostiene y lo considera una “víctima aceptable”, en quien me complazco Mt 3,17; 17,5: en Bautismo y Transfiguración de Jesús. El Siervo va a traer la salvación a las naciones (Is 42,1). Yahvé ha derramado su espíritu sobre el Siervo, persona que progresivamente se manifiesta decisiva para la historia de su propio pueblo y de las demás naciones y le ha dado el carisma en orden al desempeño de su misión, la de anunciar la ley divina, la revelación de la voluntad del Señor. Esta misión es universal y consiste en “traer, proclamar, implantar la salvación”, llevar la verdad salvadora a las naciones. El Siervo desarrolla esta función de una manera sencilla y humilde sin la menor apariencia o gesto de violencia.

Se encuentra en una situación de debilidad y sufrimiento, pero su “llama” no se extingue hasta haber llevado a término su labor. Así pues, es un anuncio de gracia y de esperanza.

La profecía habla del pasado, Jeremías interpela al presente, exilio de Israel, pero concierne de manera misteriosa al futuro, la prefiguración del sufrimiento de Cristo.

Se revela la identidad de Dios y se manifiesta la figura y misión del servidor, y cuál es su trabajo, sostenido siempre por el Espíritu. La lucha del Siervo es para buscar la justicia, de forma paciente y no violenta, reflejando el estilo de Dios, e involucrándonos a todos en la misión de Dios, en su obra creadora.

 

Padre Nuestro

Ave María

Gloria

En el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo…..

Martes Santo, Is 49, 1-6.

 

1Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos:

El Señor me llamó desde el vientre materno,

de las entrañas de mi madre, y pronunció mi nombre.

2Hizo de mi boca una espada afilada,

me escondió en la sombra de su mano;

me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba

3y me dijo: «Tú eres mi siervo, Israel,

por medio de ti me glorificaré».

4Y yo pensaba: «En vano me he cansado,

en viento y en nada he gastado mis fuerzas».

En realidad el Señor defendía mi causa,

mi recompensa la custodiaba Dios.

5Y ahora dice el Señor,

el que me formó desde el vientre como siervo suyo,

 para que le devolviese a Jacob,

para que le reuniera a Israel;

he sido glorificado a los ojos de Dios.

Y mi Dios era mi fuerza: 6«Es poco que seas mi siervo

 para restablecer las tribus de Jacob

y traer de vuelta a los supervivientes de Israel.

Te hago luz de las naciones,

para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra».  

 

 

Habla el mismo Siervo que es consciente de haber sido elegido desde el seno materno para una misión concreta a una misión profética. Se reflejan las dificultades que va a sufrir el Siervo, las fatigas y las dudas, pero con la confianza puesta en Dios, triunfará.

Al igual que el poema anterior, también éste consta de dos partes: en la primera de ellas habla el Siervo y en la segunda habla el Señor. Además, el poema retoma tópicos del canto anterior: la misión del Siervo es ampliada hasta su origen en la vocación de Dios, y ampliada también en su meta: “hasta los confines de la tierra”. El comienzo del v. 6 parece además una alusión clara al retorno del exilio. Finalmente, el poema, anuncia temas de cantos siguientes, todo el v. 7 parece un anticipo del Canto cuarto.

Hay tres partes diferenciadas

  1. a) la llamada “desde el vientre materno” (vv. 1b y 5),
  2. b) la misión del Siervo, que en la primera parte describe más su estilo (v. 2:“espada afilada y flecha bruñida”) y en la segunda su meta (v.6: conversión-reunificación del pueblo y salvación de toda la tierra). Y
  3. c) lo que estas consideraciones suponen en la crisis de la misión (vv. 4 y 7)

En la primera parte habla el Siervo y en la segunda parte habla el Señor que lo llama, lo auxilia y constituye una alianza con su pueblo y el resto.

El profeta sale de la crisis descubriendo que su lucha no es tarea o manía propia sino vocación de Dios, es uno de los pocos oráculos de profetas sobre los gentiles, que no son oráculos de reprensión o de amenaza, sino de salvación, y la luz de las naciones ya no es ahora sólo el Siervo sino todo el pueblo restaurado. A pesar de las dificultades sale de ahí reafirmado en que Dios ha decidido llamarle, auxiliarle y constituirlo en alianza de un pueblo y luz de los demás pueblos.

 

Padre Nuestro

Ave María

Gloria

En el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo…..

 

Miércoles santo, Is 50, 4-9.

 

4El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo;

 para saber decir al abatido una palabra de aliento.

Cada mañana me espabila el oído,

para que escuche como los discípulos.

5El Señor Dios me abrió el oído;

yo no resistí ni me eché atrás.

6Ofrecí la espalda a los que me golpeaban,

las mejillas a los que mesaban mi barba;

no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos.

7El Señor Dios me ayuda,

por eso no sentía los ultrajes;

por eso endurecí el rostro como pedernal,

sabiendo que no quedaría defraudado.

8Mi defensor está cerca,

¿quién pleiteará contra mí?

Comparezcamos juntos,

¿quién me acusará?

Que se acerque.

9Mirad, el Señor Dios me ayuda,

¿quién me condenará?

Mirad, todos se consumen como un vestido,

los roe la polilla. 

Lo primero que llama la atención es que en este canto ya no habla el Señor, habla sólo el Siervo, describe su misión, primero escucha como discípulo y luego lo transmite a los demás, se experimenta una comunión ininterrumpida con Dios a pesar del sufrimiento.

El Siervo se ha vuelto más experimentado, más maduro y no parece dispuesto a renunciar a su misión con la confianza y la ayuda del Señor.

Al sufrimiento redentor que Dios ofrece, hay que responder con un “sí quiero”, pero Dios no redime “en automático”, ni por el hecho de que suframos, sino porque aceptamos ese sufrimiento redentor, “ofrecí mi espalda”, lo que nos abre un poco más a la comprensión de la frase de Jesús. “Al que te pegue en una mejilla, ofrécele la otra”, Mt 5,39.

Aunque los temas son los mismos de los poemas anteriores, la misión-vocación del Siervo, y su persona, están tratados en este canto con un cambio radical de lenguajes, que es lo que mejor nos acerca a la enseñanza del poema.

A la luz de los evangelios se asemeja a cuando Jesús se retiraba a orar y acabó en un cierto cambio de táctica: menos predicaciones masivas, menos curaciones que eran malentendidas, algunas salidas “al extranjero” para ocultarse, más dedicación a formar los discípulos, lenguaje en parábolas… Pero todos estos cambios, en modo alguno apartaron a Jesús de su entrega al Reinado de Dios, al que sigue sirviendo obstinadamente y con el rostro endurecido, hasta el momento en que se decide a “subir a Jerusalén” buscando una clarificación de las cosas, que le llevará a un final como el que vamos a ver en el canto siguiente.

En medio de esos cambios, la trayectoria de Jesús habrá sido,como la del Siervo,una trayectoria de fidelidad. el Siervo se ha vuelto más experimentado…, en una situación en la que no parece posible el cambio siguen siendo posibles la escucha y el aliento

 

Padre Nuestro

Ave María

Gloria

En el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo…..

Viernes Santo, Is 52, 13-15, y 53, 1-12

 

Mirad, mi siervo tendrá éxito,

subirá y crecerá mucho.

14Como muchos se espantaron de él

porque desfigurado no parecía hombre,

ni tenía aspecto humano,

15así asombrará a muchos pueblos,

ante él los reyes cerrarán la boca,

al ver algo inenarrable

y comprender algo inaudito.

1¿Quién creyó nuestro anuncio?;

 ¿a quién se reveló el brazo del Señor?

2Creció en su presencia como brote,

como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza.

Lo vimos sin aspecto atrayente,

3despreciado y evitado de los hombres,

como un hombre de dolores,

acostumbrado a sufrimientos,

ante el cual se ocultaban los rostros,

despreciado y desestimado.

 4Él soportó nuestros sufrimientos

y aguantó nuestros dolores;

nosotros lo estimamos leproso,

herido de Dios y humillado;

 5pero él fue traspasado por nuestras rebeliones,

triturado por nuestros crímenes.

Nuestro castigo saludable cayó sobre él,

sus cicatrices nos curaron.

 6Todos errábamos como ovejas,

cada uno siguiendo su camino;

y el Señor cargó sobre él

todos nuestros crímenes.

7Maltratado, voluntariamente se humillaba

 y no abría la boca:

 como cordero llevado al matadero,

 como oveja ante el esquilador,

enmudecía y no abría la boca.

 8Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron,

¿quién se preocupará de su estirpe?

Lo arrancaron de la tierra de los vivos,

por los pecados de mi pueblo lo hirieron.

 9Le dieron sepultura con los malvados

y una tumba con los malhechores,

aunque no había cometido crímenes

ni hubo engaño en su boca.

10El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento,

y entregar su vida como expiación:

verá su descendencia, prolongará sus años,

lo que el Señor quiere prosperará por su mano.

11Por los trabajos de su alma verá la luz,

 el justo se saciará de conocimiento.

Mi siervo justificará a muchos,

porque cargó con los crímenes de ellos.

 

 

 12Le daré una multitud como parte,

y tendrá como despojo una muchedumbre.

Porque expuso su vida a la muerte

 y fue contado entre los pecadores,

él tomó el pecado de muchos

e intercedió por los pecadores.

 

Se denomina Pasión o Gran Profecía de los Sufrimientos de Cristo y de su Exaltación.

Es el más completo y profundo, se lee el Viernes Santo antes de la Pasión, ya que el sufrimiento es máximo y el inocente se entrega por los demás y carga sobre sí las deudas de los pecadores.

Este poema va introducido por una especie de prólogo que ocupa los tres últimos versículos del capítulo anterior. Es el canto del Siervo del Dios paciente y Glorificado, Dios mismo nos presenta a su Siervo, cuyo éxito afirma desde el principio, aunque lo veamos humillado, Dios anuncia su gloria y exaltación.

El capítulo 53 y el salmo 22 nos dan un relato mucho más vivo y cruel de la crucifixión de Cristo, mucho más que los Evangelios.

Se puede dividir en dos partes diferenciadas

Del versículo 1 al 9, se relata el sufrimiento del Salvador, es una parte de “noche oscura”, en la que se anuncia algo increíble, pero no es la imagen destrozada del Servidor, sino la interpretación de ese destrozo.

Del versículo 10 al 12, se relata la satisfacción del Salvador, ese dolor va cobrando luz, hasta culminar en el triunfo final.

En el momento del nacimiento de Cristo, la familia de David ya no eran reyes ni príncipes, sino campesinos en una época decadente.

Ya en el versículo dos se centra en el sufrimiento intenso que recibió Cristo en la Cruz, con un aspecto horrible, repulsivo a la vista, Él soportó lo que ningún otro ser humano tuvo que soportar. Dios hizo de su alma una ofrenda por el pecado. Aquella Cruz se convirtió en un altar en el que contemplamos al cordero de Dios, quitando el pecado del mundo.

El gran objetivo de Isaías en este capítulo es que veamos al Mesías como un Mesías sufriente, despreciado y abandonado, traspasado, oprimido, Él ha soportado y llevado nuestras penas y fue herido por nuestras transgresiones e iniquidades, por su castigo fuimos curados y redimidos del pecado, es decir, su sufrimiento tiene un carácter expiatorio.

Esta profecía es como un pozo sin fondo, de verdad bíblica, es la revelación más profunda de la obra del Salvador que se haya dado a un profeta. Todos los verbos del capítulo 53, 1- 10 están en pasado, porque Isaías escribe proféticamente cerca del final de la historia humana, en la segunda venida de Cristo, por lo tanto, habla de la muerte de Cristo en la Cruz como un evento pasado.

El capítulo 53 es el lamento de Israel arrepentido en un tiempo futuro, cuando el pueblo judío mirará atrás, al Mesías, a quien había rechazado por tanto tiempo y finalmente lo reconocen como su Señor y Rey y el resto del mundo también lo verá.

 

Padre Nuestro

Ave María

Gloria

Conclusión: Danos tu opinión sobre este retiro e indica en que temas te gustaría profundizar en este tiempo de Cuaresma a través del correo formacion@hermandaddelao.es.