La Caridad en la O

LLamados a Servir
Dibujo: Fano

Caridad es un término que sirve para definir una virtud teologal, es la virtud sobrenatural que consiste en amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo, y a nosotros mismos por amor a Dios. Se trata de un amor desinteresado que surge por el mero deseo de darse a los demás sin pretender nada a cambio.

La caridad es la virtud reina, el mandamiento nuevo que nos dio Cristo, por lo tanto es la base de toda espiritualidad cristiana. Es el distintivo de los auténticos cristianos.

En nuestra hermandad es prioritario practicar la Caridad fraterna y socorrer material y espiritualmente a los necesitados, estableciendo fuertes vínculos de amor entre los Hermanos, como testimonio de su fe y condición cofrade. Por ello la Hermandad está obligada, y no sólo a través de su presupuesto económico sino también del compromiso propio, a desarrollar una amplia labor de caridad y a acrecentarla año a año con criterios de razonable generosidad. Se trata de atender las necesidades de los hermanos, de las mujeres gestantes en riesgo de exclusión social, de las instituciones que acuden a nosotros en busca de auxilio y algunas otras con las que se podría colaborar en el futuro en la medida de nuestras posibilidades.

En la medida en que la situación económica social y de la Hermandad lo permita siempre primará para nuestro proyecto la caridad como baluarte fundamental de nuestra actuación. Creemos que ésta es el mejor regalo que se le puede ofrecer a Nuestros Amantísimos Titulares para mayor gloria de Dios.

En la religión católica, la caridad es considerada la más importante de las tres virtudes teologales, por encima de la fe y la esperanza. Como tal, el objeto de la caridad es el amor a Dios por sobre todas las cosas, lo cual también se traduce en el amor al prójimo. Es una actitud personal que implica comprender a los demás, especialmente en relación al sufrimiento ajeno. Una persona es caritativa si interiormente siente el impulso de ayudar al que sufre y dicho impulso se traduce en alguna acción concreta.

Se entiende por caridad la acción de ayudar al prójimo desinteresadamente sin recibir nada a cambio. En este sentido, la caridad es aplicable en cada aspecto de la vida mediante acciones solidarias que brinden apoyo a quienes más lo necesitan.

Para el apóstol San Pablo, la caridad es la más importante de las virtudes teologales, tal como se deja ver en el siguiente versículo: “Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada” (1 Corintios 13, 3).

En la teología reciente, el misterio de la Eucaristía, llamado por Benedicto XVI “sacramento de la caridad”, se vincula directamente con las obras de la caridad cristiana en el mundo. Es el movimiento del amor al prójimo que ve a Jesús en cada hermano y hermana, tal como decía la Madre Teresa de Calcuta.

El amor recibido, el amor vivido, se convierte en caridad. Como dice el documento del Papa, “en la Eucaristía Jesús nos hace testigos de la compasión de Dios por cada hermano y hermana” Nace así un profundo sentimiento que nos lleva al servicio de la caridad y a un mayor compromiso social en favor de la justicia y de la paz

El Catecismo de la Iglesia Católica en el n. 1856 señala la importancia vital de la caridad para la vida cristiana. En esta virtud se encuentran la esencia y el núcleo del cristianismo, es el centro de la predicación de Cristo y es el mandato más importante. Jn 15, 12; 15,17; Jn 13,34. No se puede vivir la moral cristiana haciendo a un lado a la caridad.

La Iglesia se manifiesta a través de documentos donde desarrolla su magisterio, entre otros “La Iglesia servidora de los pobres” (Instrucción Pastoral de la Conferencia Episcopal de la iglesia Española: Iglesia servidora de los pobres)

En un documento, en el que los obispos quieren compartir, con los fieles y con quienes deseen escuchar su voz, su preocupación ante el sufrimiento generado por la grave crisis económica, social y moral que afecta a la sociedad española y su esperanza por el testimonio de tantos miembros de la Iglesia que han ofrecido lo mejor de sus vidas para atender a quienes más sufrían las consecuencias de la crisis, acentuada en estos momentos más, por la pandemia que sufrimos.

En la primera parte, dedicada a describir la situación social se fija en los nuevos pobres y las nuevas pobrezas, algo que se constata a diario en nuestra experiencia en la diputación de Caridad, de manera especial la que sufren en primer lugar, las familias golpeadas por la crisis.

En ellas no es difícil encontrar muchos jóvenes sin trabajo y con grave riesgo de caer en situaciones desesperadas, ámbitos en que se da la pobreza infantil, ancianos olvidados o mujeres afectadas por la penuria económica. Además de las carencias económicas y sociales en las familias, acentúan la pobreza originada por las desigualdades sociales, por la emigración que, haciendo visible el derecho a encontrar mejores condiciones de vida, hoy significa la pobreza de los más pobres.

Los inmigrantes sufren más que nadie la crisis que ellos no han provocado y los países que los reciben recortan sus derechos y limitan, también para ellos, los servicios sociales básicos. Los obispos piden en este ámbito a las autoridades nacionales y de la Unión Europea actitudes de generosa acogida y cooperación con los países de origen que permitan su desarrollo.

Propuestas del Documento:

  1. Promover una actitud de renovación y conversión, que nos identifique con Cristo y que salga al encuentro de los pobres, siendo instrumentos para su liberación, promoción e integración en la sociedad.
  2. Cultivar una espiritualidad que impulse al compromiso social. Sólo el encuentro con el Amor de Dios, puede transformar y purificar.
  3. Apoyarse en la fuerza transformadora de la evangelización, porque el anuncio del Evangelio, fermento de libertad y de fraternidad, acompaña siempre a la promoción humana y social de aquellos a los que se anuncia.
  4. Como consecuencia de lo anterior, profundizar en la dimensión evangelizadora de la caridad y de la acción social, desde el testimonio personal y sin olvidar el anuncio explícito de Jesús. No podemos callar cuando no se reconocen ni respetan los derechos de las personas, cuando se permite que los seres humanos no vivan con la dignidad que merecen.
  5. Promover el desarrollo integral de la persona y afrontar las raíces de las pobrezas.
  6. Además de atender a las necesidades más urgentes, el acompañamiento de las personas es la base de la acción caritativa: No se trata sólo de asistir y dar desde fuera, sino de participar en sus problemas y tratar de solucionarlos desde dentro.
  7. Defender la vida y la familia como bienes sociales fundamentales.
  8. La reducción de las desigualdades debe ser uno de los objetivos prioritarios de una sociedad que quiera poner a las personas, y también a los pueblos, por delante de otros intereses.

Fortalecer la animación comunitaria. Es necesario que la comunidad cristiana sea el verdadero sujeto eclesial de la caridad.

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