
La Conversión de San Pablo o caída en el camino de Damasco se conmemora como un acontecimiento similar a la Epifanía, o la Navidad, y se narra en Hch 9, 1-18.
Pablo, llamado Saulo en el uso y rigor judío, afirmaba con vehemencia que el Evangelio que predicaba no lo había aprendido o recibido de los hombres.
Cuando vayas a rezar al sagrario de La O, busca el azulejo de San Pablo y recuerda estas cinco lecciones de la conversión de San Pablo:
-La misericordia divina de Dios llega, generalmente, cuando nos encontramos peor, en nuestro punto más bajo: Saulo fue una pesadilla para los primeros cristianos, y su persecución parecía no tener límite. Recordemos que estuvo presente y aprobó la lapidación de Esteban.
Dios lo esperó y lo hizo caer de lo más alto, tanto de su caballo como de la ventolera que había tomado en contra de los seguidores de su Hijo.
De forma similar, Cristo nos ofrecerá pacientemente su divina misericordia cuando parezca que menos la merecemos; incluso cuando menos creamos merecerla. Hay que recordar el recibimiento del padre al hijo pródigo.
-La intervención de Dios en nuestras vidas será siempre inesperada: La forma de medir el tiempo de Dios nada tiene que ver con nuestra forma de hacerlo, su intervención en nuestras vidas no refleja nuestras expectativas.
Saulo era la última persona en la cual los primeros cristianos esperarían que fuese su más apasionado defensor, que fue, exactamente, lo que Dios hizo nacer en Saulo.
-Fe no es esperar a comprender en totalidad la bondad de Dios; paciencia es tener la fe para esperar por ella: La presencia de Dios en nuestras vidas se encuentra a menudo fuera de una iglesia. Mientras que es necesario ir a Misa para refrescar el alma escuchando la Palabra de Dios y para alimentarnos con el Cuerpo y la Sangre de Cristo, gran parte de las aplicaciones de la enseñanza de la Iglesia ocurren en el mundo.
Saulo cayó del caballo en el camino hacia Damasco, no en su destino, ni en una casa o en algún lugar de adoración.
La casa del Señor es la estación de servicio, donde rellenamos de combustible nuestra fe; pero nuestra misión en el servicio a Dios es en el camino, donde aplicamos la fe para ayudar a otros.
-Todos tenemos un caballo de Damasco: Saulo iba montando su caballo camino a pelear en contra de Dios, podría haber usado el mismo caballo para ayudar a Dios, pero decidió usarlo para hacer lo contrario. Dándole esa respuesta, hizo que Dios lo derribara, para humillarlo como preparación a la gran misión de servirlo en su plan.
Todos tenemos un caballo que nos puede llevar lejos de Dios: ese caballo puede ser orgullo, arrogancia, dinero, poder… ¿Nos bajaremos por iniciativa propia o esperaremos a que Dios nos derribe?
-Fe y humildad superan a los cinco sentidos: Pablo nunca caminó al lado de Cristo, no fue de los originalmente elegidos, pero su fe y su humildad lo hicieron tan grande como aquellos que caminaron con el Señor.
Dios viene a nuestras vidas, y nosotros le permitimos entrar, sin la proporción de lo que creemos, vemos, escuchamos, tocamos o gustamos. Los cinco sentidos y todas las sensaciones que les siguen son polvo en el camino de la humildad y la fe.
Pablo estuvo ciego por un tiempo tras ser derribado de su caballo por Dios Nosotros a menudo estamos ciegos por un tiempo mucho mayor, en el viaje hacia nuestro Damasco.



