
La Historia de La O está unida indisolublemente a este nombre. D. Pedro fue el primer párroco de la de Nuestra Señora de La O, erigida en 1911 como segunda parroquia de Triana y establecida en el templo propio de nuestra Archicofradía, donde desde tiempo inmemorial se da culto a esta advocación de la Santísima Virgen.
Sacerdote ejemplar.
Natural de Villarrasa (Huelva), se licenció en Sagrada Teología, recibiendo las órdenes sacerdotales del entonces arzobispo de Sevilla, futuro beato, don Marcelo, Cardenal Spínola. D. Pedro cantó su primera misa en su localidad de origen el 25 de abril de 1897. Antes de ser párroco de la O fue coadjutor de las de San Bernardo y de la Magdalena en la capital hispalense.
En palabras del canónigo D. Francisco Gil Delgado, quien le dedicó un memorable artículo titulado “Como un libro abierto en la pared”, publicado por ABC de Sevilla, Don Pedro “tenía un enorme corpachón y todo él se quedaba chico para la generosidad que llevaba dentro”
En nuestro boletín Nazareno, de febrero de 1997, Manuel Palacios, recordado cofrade de La O y acólito que fue de la parroquia en tiempos de D. Pedro, en su artículo por la dedicación de la Calle Párroco Pedro Ramos Lagares (hasta entonces llamada Callejón de La O), destacó: “su inmensa calidad como persona y su entrega hacia los demás, sobre todo a los más necesitados, resolviendo con gran diligencia y cariño casos de verdadera hambre, y abonando innumerables rentas de casas de familias de la feligresía prestas a ser desahuciadas. Fue un Sacerdote ejemplar.”
En los recordatorios de su fallecimiento quedaron las siguientes palabras a modo de epitafio: “Fue dignísimo Sacerdote, que ejerció el ministerio parroquial por espacio de 52 años, con gran celo por la gloria de Dios y bien de las almas, siendo sus feligreses preferidos los pobres de Cristo.”
Pedro no transitó en solitario por la historia de la comunidad de La O, en sus años de ministerio coincidió con la inmensa obra de D. Ignacio Gomez Millán, y tuvo de coadjutor a D. Manuel Muñoz Carballido. Personas extraordinarias para momentos especialmente difíciles.
Triste testigo del asalto a nuestro templo parroquial en julio de 1936.
Uno más entre los incontables tristes acontecimientos en torno al 18 de julio de 1936, inicio de la guerra civil, fue el asalto a nuestro templo. Don Pedro, tras resistirse a entregar las llaves del templo parroquial, y temiendo por su vida, no pudo más que ceder, no sin ser golpeado y herido por uno de los asaltantes. Más tarde, sería el mismo D. Pedro quien les salvase la vida a ellos. Cuando quienes hacía pocas horas lo habían agredido y cometieron sin piedad el ultraje y las atrocidades a nuestras imágenes, altares, enseres, esculturas… Él, fueron identificados como los asaltantes del templo y puestos a disposición de la autoridad militar, D. Pedro se negó a delatarlos, reconociéndolos como feligreses suyos –alguno lo era realmente–, evitando así su ejecución. Meses después, como párroco, firmó el certificado de buena conducta –imprescindible para obtener la cartilla de racionamiento– a las familias de esos mismos feligreses detenidos.
Cuentan de D. Pedro, que no eran pocas las visitas que hacía a “las Lomas” para dar auxilio material y espiritual a los vecinos más humildes de Triana. Los habitantes de aquel asentamiento marginal, vivían en casas cavadas en el suelo. Allí, tras la hoy desaparecida vía del tren, la miseria, el hambre, la enfermedad y la muerte eran vecinos cotidianos. Cuando regresaba a la casa rectoral, frente a la Parroquia, rara vez lo hacía con su manteo, que había entregado a algún necesitado. En los duros días que seguían a las riadas del Guadalquivir, dormía en el suelo en solidaridad con sus feligreses que muchos de ellos no tenían ni para reposar el sueño.
Cuando entres en la capilla del Sagrario de La O, después de arrodillarte ante el Santísimo Sacramento y rezarle a Nuestro Padre Jesús Nazareno, no olvides detenerte a contemplar la lápida que recuerda la memoria y señala el lugar donde descansan los restos de quien fue un hombre ejemplar, un siervo de Dios: nuestro primer cura párroco, frente al Columbario, a quien la Archicofradía agradecida otorgó el título de Hermano Mayor Honorario.
No es casualidad que aún hoy día se puedan ver flores delante de este lugar donde descansa.
Fotos de archivo de la hermandad y cedidas por familiares de D. Pedro.





