Presbiterio

Antes de centrar nuestra atención en el altar mayor, dirijamos la mirada hacia la pareja de ángeles lampareros, de extraordinaria factura y tamaño casi natural, que flanquean el presbiterio. Por sus particularidades artísticas están atribuidos a la gubia de Pedro Duque Cornejo. Se incorporaron al ajuar de la iglesia procedentes del Oratorio de San Felipe Neri en 1868.

Sobre los muros laterales del presbiterio cuelgan dos cuadros de gran interés artístico. Uno de ellos representa a San Juan Evangelista en Patmos, obra atribuida a quien fuera maestro de Murillo, el pintor Juan del Castillo. Este óleo sobre lienzo representa al discípulo amado en la visión de la mujer apocalíptica durante la redacción del libro del Apocalipsis. Se fecha en torno a 1630, siendo ésta la pintura de mayor antigüedad de las que se encuentran en el templo. Frente a este cuadro figura otro con la Sagrada Familia. Es una obra fechable hacia 1680 que diversos especialistas han relacionado con el quehacer de Juan Simón Gutiérrez, autor activo durante el último tercio del siglo XVII, situado en la órbita de Murillo, de cuyos modelos depende en sus composiciones.

Altar Mayor

El retablo mayor fue diseñado y ejecutado por Miguel Franco, uno de los maestros destacados del tránsito del siglo XVII al XVIII. La obra fue realizada entre 1709 y 1716 para dotar de un altar mayor a la nueva iglesia. En 1756, Juan Tejerizo se encargaría de realizar el dorado. Se trata de una obra singular en su clase que llama la atención por muy diferentes motivos. Su planta y diseño es cóncavo, casi semicircular, dando una sensación envolvente y rompiendo la rectitud del testero plano de la iglesia. Se compone de sotobanco, banco, cuerpo principal con tres calles y ático envuelto en un potente cascarón casetonado.

El sotobanco es de mármoles rojos y negros, contiene dos puertas rematadas en semicírculo que dan acceso al interior del retablo y antaño comunicaban con la vieja sacristía. Sobre la mesa del altar se dispone el sagrario, que recibe forma de templete animado por columnas salomónicas, presentando la puerta del tabernáculo un relieve del Niño Jesús de la Pasión. El banco se desarrolla conteniendo las ménsulas con niños tenantes, que sostienen los soportes columnarios del cuerpo principal, que son de orden salomónico a partir del imoscapo que aparece retallado, y coronadas por capiteles compuestos sobre los que corre una cornisa mixtilínea con entrantes y salientes, que se curva y rompe en la calle central del retablo.

En las calles laterales y sobre repisas molduradas y retalladas aparecen a la izquierda Santa Brígida de Irlanda y a la derecha Santa Bárbara, respaldadas por edículos y cornisas rotas y enroscadas. El imponente camarín se abre a la iglesia por un arco trilobulado que apea sobre columnas salomónicas y contenido en un cajeado donde campea el emblema de la titular del templo entre ángeles. El suelo del camarín avanza como una gran repisa convexa que sostienen ángeles niños en efectista composición. Hay que poner de relieve la utilización de espejos en toda la parte baja del retablo y especialmente en el camarín para paliar la falta de luz natural de la iglesia y en consecuencia del altar mayor, recurriéndose a ellos no sólo como un elemento estético sino como un recurso técnico.

La parte superior del retablo la domina el manifestador eucarístico situado en el ático, espacio que hoy sirve como camarín secundario a la escultura de San Miguel Arcángel. Sobre éste aparecen dos grandes ángeles tenantes que sostienen una cartela donde campea el relieve de Dios Padre. Todo el conjunto aparece envuelto en un cascarón casetonado que contiene emblemas marianos. En suma, se trata de un gran retablo que, aunque con algunas modificaciones importantes, ha llegado hasta nuestros días con buena parte de su original esplendor.

Permanezca frente al altar mayor para escuchar la descripción de la imagen de María Santísima de La O.