
De nuestro Director Espiritual a los hermanos de La O
Hace unas semanas, ya dijimos adiós a las vacaciones y nos preparamos para el comienzo de un nuevo curso. Atrás quedaron los baños en la playa y en las piscinas, las fiestas de los pueblos, los viajes en familia y todas aquellas cosas que nos ayudan a relajarnos y olvidarnos de la rutina.
Recuperamos el ritmo ordinario que nos acompañará a lo largo del curso. Los niños y jóvenes vuelven al colegio y adquieren poco a poco el ritmo adecuado que les facilite el aprendizaje a todos los niveles. Y ellos arrastran a toda la familia que están envueltos en acompañar esta tarea de desarrollo y crecimiento.
Este es un mes de empezar de nuevo, cargado de nuevas ilusiones y de expectativas ante lo que nos va a deparar el nuevo curso. El nuevo curso se empieza con ilusión pero también con la inquietud de la novedad, la inseguridad ante los nuevos retos que nos van a llegar, el esfuerzo para afrontar los proyectos, los encuentros, el día a día.
Pero sobre todo es comenzar de nuevo las relaciones con las personas, los amigos, la familia, con nuestra hermandad o nuestra parroquia. Porque en el fondo lo más importante en nuestra vida, aquello que más valoramos son las personas con las que nos relacionamos.
Mirar agradecidos por la labor realizada por quienes han dedicado y dedican tiempo, ilusión y sacrificio a favor de los hermanos, especialmente de los más necesitados.
Reflexionar para descubrir qué hacer y cómo hacerlo, pues cada uno, según sus circunstancias, puede aportar su grano de arena, todos debemos sentirnos colaboradores. Tenemos que darnos cuenta de que normalmente podemos más de lo que creemos, porque contamos con la ayuda de los demás y la fuerza que nos da el Espíritu del Señor.
La vida de cada persona es un regalo del cielo. La vida de cada persona merece el máximo respeto. No importa la edad, sólo importa como persona. Cada detalle, cada gesto, cada caricia, cada sonrisa, cada vez que se da la mano, cada vez que se llega a tiempo a la vida de los demás, se dignifica la persona.
Para este nuevo curso nos encomendamos a nuestra madre María Santísima de la O, contamos con su ayuda y protección.
José Antonio Jiménez Hidalgo
Director Espiritual de la Hermandad de la O

