
“Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida y habitaré en la casa del Señor por años sin término”.
Con hondo pesar lamentamos comunicar que en la tarde de hoy, viernes 29 de noviembre de 2024, nuestro hermano D. José María Rodríguez-Izquierdo Gavala, sacerdote de la Compañía de Jesús, ha sido llamado por Nuestro Padre Jesús Nazareno a su lado, después de una larga enfermedad, a los 88 años de edad.
Sevillano de nacimiento, D. José María se educó en el colegio Portaceli, donde compartió al que sería su gran amigo D. Ramón Martín Cartaya, quien fuera nuestro Hermano Mayor, entrando así en contacto con nuestra Archicofradía y profesando una vivísima devoción a nuestros amantísimos titulares.
A comienzos de los años ochenta, D. José María se hizo cargo de la dirección espiritual de nuestra corporación, presidiendo innumerables ocasiones las misas de hermandad, y los cultos que establecen nuestras reglas. En la memoria de quienes fueron testigos de aquellos años queda el entrañable recuerdo de las eucaristías preparatorias para la Estación de Penitencia y la celebración de los santos oficios de Semana Santa, celebraciones en las que D. José María siempre nos animó a vivir con profunda autenticidad nuestra experiencia cristiana como cofrades de La O.
Erudito profesor de Teología, Liturgia y Pastoral, ejerció la docencia en el que fuera su colegio de Portaceli, el Instituto de Teología en Asunción (Paraguay), al que fue destinado en 1989, y la Facultad de Teología de Granada donde culminó una brillante carrera como profesor universitario.
Pese a que sus obligaciones pastorales y académicas lo alejaron de la calle Castilla, nunca perdió la oportunidad de acercarse a Nuestro Padre Jesús Nazareno y a María Santísima de La O, siempre que pudo, manteniendo una relación de paternal cercanía con su hermandad, contemplando cada año el paso de la cofradía desde el balcón de la residencia familiar de la Puerta de Triana.
Quienes tuvieron la suerte de conocerle siempre recordarán su sencillez, su mirada profunda, su mente preclara, su exquisito trato y en definitiva la inmensa bondad que lo caracterizó.
Desde la emoción que causa su feliz recuerdo, damos gracias al Señor por haber puesto en la historia de nuestra hermandad a este destacado siervo suyo, que incluso en la enfermedad que lo ha postrado los últimos años de su vida, ha seguido transmitiendo un edificante ejemplo de lo que es el amor a Cristo y a su Iglesia.
El señor Hermano Mayor, el señor Director espiritual y la Junta de Gobierno ruegan a todos los hermanos, fieles y devotos, una oración por el alma de quien fue nuestro hermano José María, sacerdote, que a buen seguro está ya ante el dulcísimo rostro de Nuestro Padre Jesús Nazareno y el amoroso semblante de su bendita madre, María Santísima de La O intercediendo por nosotros.



