Nuestra estación del Viacrucis

Director Espiritual

NTRO. P. JESÚS NAZARENO CARGA CON LA CRUZ 

De nuestro Director Espiritual a los hermanos de La O

         La majestad y el señorío de Jesús aquí quedan demostrados. Había venido, se había encarnado, para esta hora, la hora de la salvación de los hombres, buscaba sólo que “tuvieran vida y vida abundante” (Jn 10, 10) y Él había venido “para dar su vida en rescate por muchos” (Mc 10, 45). Ya ha llegado su hora, comienza a caminar, empieza su Via Crucis, su camino de cruz. Esa cruz, el travesaño horizontal, pesadísimo, lo colocan los soldados sobre sus hombros. La muchedumbre -¿quién se fiará de las muchedumbres?- mira el espectáculo curiosa, divertida, entretenida. Nadie, nadie va a ayudarle, nadie mueve un dedo, salvo su bendita Madre -para nosotros María Santísima de la O- el apostol Juan y algunas mujeres.

         A nadie parece importarle el sufrimiento del Redentor, ni descubren su valor, ni piensan en su sentido. Son espectadores de la vida, al margen de todo, inactivos de brazos cruzados, corazones duros e insensibles que incluso –alguno habrá- pensará que “algo habrá hecho”, “se lo tenía merecido”. Son ese tipo humano grandilocuente que hablan de todo, que embelesan cuando se les escucha, con discursos muy comprometidos, que pronuncian muchas palabras, pero que jamás harán nada; seguirán en la fila de los que miran, nada más que miran, únicamente miran… mientras el Señor sigue cargado con la cruz; mientras la Iglesia en su misión ante el mundo sigue cargada con la cruz; mientras cada creyente sigue cargando con la cruz.  

         Jesús el Nazareno cumple y realiza lo que predica: “el que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame” (Lc 9, 23). Carga con su cruz: ahora sigamos sus huellas y carguemos cada cual con su cruz todos los días, cada día. Mas ¿cómo habremos de hacerlo? ¿De qué forma hay que cargar con la cruz? ¿Acaso es posible? ¿Cómo acogerla y llevarla? Y no menos terrible y fascinante a un tiempo la pregunta por el sentido de la cruz: ¿Por qué? ¿Para qué sirve? ¿Posee alguna utilidad?  

         Ante nosotros se abre el capítulo sugestivo de la espiritualidad de la Cruz y comenzamos a leerlo mirando a Cristo en su Viacrucis: desde el instante en que la cruz de Jesús es instrumento de redención, la cruz diaria de cada cristiano es su pequeña contribución a la redención del mundo; unidos a la cruz del Salvador, cada pequeña cruz llevada sobre nuestros hombros tiene valor salvador y santificador, expía, repara, salva, redime. Se actualiza aquello que escribía san Pablo: “completo en mi carne lo que falta a la pasión de Cristo a favor de su Cuerpo que es la Iglesia” (Col 1, 24), y que cada uno de nosotros, igualmente, podría repetir hoy.  

         Pues sabiendo esto, en absoluto resultará difícil deducir cómo llevar la cruz: como el mismo Cristo, con dignidad, abrazándola, asumiéndola, es decir, aceptándola sin cuestionar el concreto plan de Dios sobre ti ni renegar de ella ni exigirle cuentas a Dios ni considerar que es injusta porque nada malo hemos hecho –nada hizo Cristo que era el Justo, el Inocente, y sin embargo cargó con su cruz-. Así pues, cada mañana hagamos con renovador amor y conciencia plena nuestro ofrecimiento de obras; al iniciarse la jornada y rezar un rato ante Dios, le ofreceremos el día, el trabajo, las obras, las dificultades y los logros, lo adverso y lo favorable: todo para tu gloria, Señor, y en cuanto a mí, “Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo” (Gal 6, 14).

         Para terminar, me gustaría compartir con vosotros ¡hermanos de la O! estas denominadas Coplas a Nuestro Padre Jesús Nazareno (Manuel Lerdo de Tejada 1882), que cada Función principal en honor a Nuestro P. Jesús Nazareno se cantan mientras hacemos solemne protestación de fe y juramos las reglas centenarias de nuestra Archicofradía y que resumen de una manera trágica pero real y con sublime belleza la teología de la pasión de nuestro Señor y Salvador.

Estribillo:

Dios humanado, Padre amoroso

Danos piadoso, la Salvación

Tristes de Hinojos, la suplicamos

Y la esperamos de tu pasión.

Copla 1

Te vistieron la púrpura regia

A tus sienes ciñeron espinas

De tus ojos las luces divinas

Densa nube de sangre veló

En tu mano la caña irrisoria

Colocaron con bufa insolente

Ese pueblo sañudo, inclemente

En tu rostro divino escupió

Copla 2

Con barbarie jamás conocida

Te cargaron con tosco madero

A tu cuello, Divino Cordero

Te pusieron sangriento dogal

Y con rabia inaudita y salvaje

Con instinto feroz, sanguinario

Te conducen, Jesús al Calvario

Ciega turba con brazo brutal

Copla 3

En la cumbre del monte se eleva

Rudo leño de sangre bañado

Es la sangre de Dios humanado

Que muriendo nos da la salud

Es Jesús el Divino Maestro

Ese mártir glorioso, Sublime

Que la culpa primera redime Y nos lega la eterna salud.

José Antonio Jiménez Hidalgo

Director Espiritual de la Hermandad de la O