
¡Mi Dios está vivo[1] …y mi parroquia de la O también!
José Luis Martín Descalzo, sacerdote y periodista, nos ofrece en su libro Razones para el amor, algunos motivos para amar entrañablemente a la Iglesia, nuestra madre: “¿Queréis saber por qué amo apasionadamente a la Iglesia? Por varias razones:
La primera es que ella salió del costado de Cristo. ¿Cómo podría no amar yo aquello por lo que Jesús murió? La Iglesia, buena, mala, mediocre, santa o pecadora –o todo eso junto– fue y sigue siendo la esposa de Cristo.
La segunda razón por la que amo a la Iglesia es porque ella y sólo ella me ha dado a Cristo y cuanto sé de Él. A través de esa larga cadena de creyentes mediocres me ha llegado el recuerdo de Jesús y su Evangelio…
La tercera razón por la que amo a la Iglesia es por sus santos. Junto a muchas mediocridades, intolerancias, maridajes con los poderes del mundo y legalismos, la santidad ha estado presente en la vida de muchos hombres y mujeres, a lo largo de toda su historia.
La última y más cordial de mis razones es que la Iglesia es –literalmente– mi madre. Ella me engendró (por mi bautismo)[2], ella me sigue amamantando (por la Palabra de Dios y los sacramentos, especialmente la Eucaristía)”.
El rostro amable y cercano de la Iglesia es para nosotros la parroquia. Mi parroquia es muy “apañá”. No sólo por su templo, que es precioso sino porque hasta tiene un “título” de Ntra. Sra. de la O, dedicado a la Stma. Virgen, pero sobre todo por algo mucho más importante: sus piedras vivas.
Nuestra parroquia está edificada por piedras del siglo pasado y del presente; todas colocadas de manera perfecta, teniendo, como es de imaginar, su piedra angular, Cristo. Son las personas que la forman y le dan vida. Y todas tienen su carisma en la parroquia y su lugar en la Iglesia.
Todas –sin excepción– son pecadoras, pero todas –sin excepción– son colmadas de misericordia por su piedra angular, que es quien las une. Cada una es un regalo para la otra, aún con sus diferencias. Juntas forman no la parroquia, sino la Iglesia, la madre Iglesia. Si eres una de esas piedras que forman “mi parroquia”… ¡gracias!
La parroquia no es solamente una estructura, un territorio o un edificio, también lo es, por el hecho de que debe encarnarse en un lugar concreto, nosotros estamos en Triana ¡nada más y nada menos! La territorialidad supone, además, una llamada a la encarnación y a la evangelización de los que allí residen. Pero la territorialidad no debe ser cerrada sino abierta a la realidad arciprestal, diocesana y universal. Es una célula de un organismo mayor.
Toda parroquia es, por tanto, comunidad de fe, comunidad fraterna y solidaria, una comunidad eucarística y misionera. Yo diría que un hermano y un buen cofrade tiene que apreciar a su parroquia, respetar al sacerdote y si no lo hace o hace lo contrario, además de ser una actitud incomprensible, le falta algo que forma parte de la esencia y de la naturaleza misma de una hermandad, que es su vinculación a la Iglesia, a su parroquia.
La vida de la parroquia debe abarcar la globalidad de las acciones: a ella le corresponde todo lo que es vida cristiana: comunión, transmisión de la fe (niños, jóvenes y adultos), servicio a los más pobres (Cáritas), archivo, liturgia, formación espiritual, bíblica, etc. y también la labor de nuestra hermandad de la O y la hermandad del Cachorro, sus Juntas de gobierno y tantos hermanos que colaboran en otras tareas como costura, bordados, secretaría, liturgia, bolsa de caridad, priostía, redes sociales, etc.
Algunos piensan y así me lo manifestaron en una ocasión, que una parroquia de verdad es aquella a la que va mucha gente a Misa y tiene grupos de no sé cuantas cosas (¡¡megaparroquias!!), y por propia experiencia eso no es así del todo. No obstante en nuestra pequeña, bonita y sencilla parroquia de la O celebramos los sacramentos: el bautismo (57)[3], la confirmación (25), la 1ª Comunión de los niños/as (4), la unción de enfermos a nuestros mayores (70) en sus casas o en la parroquia (Pascua del enfermo), la Eucaristía (todos los días, especialmente los domingos), bodas (59)[4], también numerosas bodas de plata y de oro matrimoniales (10), nos confesamos habitualmente (especialmente en adviento y cuaresma) y exequias (9) ya que tenemos un columbario, propiedad de la Hermandad de la O.
Lo más hermoso de nuestra parroquia es la globalidad de los miembros, que son de todas las edades y condiciones. Todos pertenecen a ella por el mismo hecho de estar bautizados. En ella no hay selectividad. Todos, incluidos los más sencillos, estamos llamados a ser sus “piedras vivas”. Para hablar de nuestra parroquia primero hay que conocerla, también me gustaría que algunos de mis compañeros sacerdotes visitaran nuestra parroquia. Finalmente, os propongo hacer 4 cosas por nuestra parroquia: Rezar por ella, preguntarnos qué puedo hacer por ella, hablar con el sacerdote y conocer a las personas que colaboran en ella…
- D. Perdonad que me haya extendido un poco…pero era necesario!!!
José Antonio Jiménez Hidalgo, director espiritual de la hermandad.
[1] Título de una canción del grupo Brotes de Olivo.
[2] Lo que está entre paréntesis no es del autor.
[3] Los números corresponden al año 2018 y lo que llevamos de este año 2019.
[4] Están incluidas las bodas que se celebran en la Basílica “El Cachorro” que pertenece a nuestra feligresía y son autorizadas por nuestra parroquia.

