La Virgen María y los recuerdos en el corazón

Director Espiritual

De nuestro Director Espiritual a los hermanos de La O

Al evangelista san Lucas, en los relatos de la infancia de Jesús, le gusta resaltar que María conservaba los recuerdos de lo que sucedía y los meditaba en su corazón. ¿Y ahora, cuando Jesús ya no está en esta tierra, cuando empieza el camino de la Iglesia, cuando todo está en manos de los discípulos de Jesús, cuando el anuncio de la Buena Noticia se está haciendo realidad por todas las tierras del imperio? ¿Qué hace, ahora, María?

Sí, ahora también, ahora de una manera especial, María medita toda aquella larga y apasionante aventura en su corazón. ¡Desde el inicio, desde aquellos primeros momentos en Nazaret y en Belén, cuántas cosas han ocurrido! ¡Cuántos recuerdos lleva en su corazón para ir desgranándolos día a día, para ir comprendiendo cada día un poco más! Son las maravillas de Dios, que ella ha vivido como nadie, desde primera línea.

María medita también sobre ella misma, sobre lo que le ha sucedido. Siglos después, la liturgia de la Iglesia encontró, en diversos lugares del Antiguo Testamento, textos en los que vio como figuras de lo que había ocurrido con María. Quizá María misma también los meditaba, pues al fin y al cabo son textos que pueden reflejar la vida y la experiencia de todo creyente.

Uno de los textos que quizá María meditaba, es un salmo que canta las bodas de un rey de Israel (Sal 44/45). Empieza el salmo con una alabanza al rey, a su buena estampa, a su elección por Dios. Y después presenta la llegada de la esposa: “Desde los palacios de marfiles te deleitan las arpas. Hijas de reyes salen a tu encuentro, de pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir”. Con gran admiración canta el salmo a aquella mujer escogida para compartir la vida y la realeza del rey de Israel. Con gran admiración podemos cantar nosotros a aquellos a quienes Dios escoge para compartir el camino del Evangelio, el camino de su vida. Y a María, de una manera especial.

Y el salmo, seguidamente, se dirige a la futura reina y le dice las palabras decisivas, las palabras fundamentales: “Escucha, hija, mira: inclina el oído, olvida tu pueblo y la casa paterna; prendado está el rey de tu belleza”. Sí, la nueva reina tenía que dejar muchas cosas: la casa, la gente conocida, los lugares de toda la vida. Pero no debía tener miedo: ¿qué podía ser mejor que ver al rey prendado de su belleza? Sí, María podía meditar estas palabras. Eran su vida. Su camino había sido muy extraño, lleno de perplejidades y de angustias. Pero Dios la había mirado, Dios había amado su belleza. Y ella había aceptado la llamada. No podía haber hallado nada mejor. Y en el fondo de su corazón, puesta ante Dios, había podido hacer muy suya la continuación del salmo: “Póstrate ante él, que él es tu Señor”. Ella le había ofrecido el homenaje de su fidelidad. Porque ¿qué puede haber mejor que postrarse ante el Dios que queda fascinado por la belleza de aquella creyente fiel que fue María?

Y María, recordémoslo, es nuestra hermana mayor. Y su vida es modelo para todo creyente. Que la Stma. Virgen de la O, en este mes de mayo nos cuide, proteja nuestras familias e interceda por nosotros ante su hijo Jesús Nazareno.

 

José Antonio Jiménez Hidalgo

Director Espiritual de la Hermandad de la O