
De nuestro Director Espiritual a los hermanos de La O
¿Cómo hablar con el otro de los sentimientos, los pensamientos, las emociones? ¿Qué cosa más grande que tener a alguien con quien te atrevas a hablar como contigo mismo?
En tiempos tan acelerados, de momentos más “urgentes” que importantes, enajenados por las nuevas tecnologías, los problemas que se transforman en preocupaciones individualistas, etc. el momento de hablar se escapa de las relaciones e interacciones humanas, al mismo tiempo se abre paso a una situación en la que ya nadie tampoco escucha.
La llamada soledad social se ha expandido como una mancha de tinta, que sin dejar a dudas, ha enmudecido los sentidos del hombre, el poder hablar con los otros se ha ido perdiendo por la velocidad de las acciones, y el escuchar no interesa al otro; quizás esta sea una hipótesis por la cual muchos especialistas -entre ellos psicólogos y psiquiatras- han tenido un aumento de pacientes con características depresivas.
La vida y las nuevas formas que se proponen para vivirla son tan egoístas, que ni siquiera permiten al ser humano poder hablar consigo mismo. Muchos se están aislando porque parece que a nadie le interesa saber qué piensa el otro, hacia dónde va y qué proyectos tiene, porque están tan preocupaos de sí mismos, que les falta algo tan sencillo y necesario como sonreir.
Los diálogos se han acortado, las manifestaciones de expresión y comunicación entre la familia y los amigos muchas veces se han resumido en páginas de diarios, en pensamientos que se escapan de ser compartidos, y uno de los factores de que esto suceda es la falta de disponibilidad que los hombres ejercen para poder escuchar y dejar de “utilizar” al compañero, al hermano o al amigo sólo en los momentos en que a ellos les preocupan.
¿Cómo romper el hielo y poder hablar con el otro de los sentimientos, de los pensamientos y las emociones. La respuesta se encuentra en otra pregunta, ¿nosotros podemos escuchar a los demás, les abrimos un tiempo y un espacio para saber que sienten? Si se es capaz de brindar un momento destinado a las necesidades del otro, entonces la barrera de hielo silencioso comenzará a caer, y se recuperará la comunicación.
Esa soledad social, aislante y duradera que se está construyendo trae consigo la timidez, las frustraciones, los problemas de entendimiento, la tristeza del alma, las melancolías de los sentimientos; se pierden oportunidades de enriquecerse a través de lo que el otro puede expresarnos y solamente así podemos compartir la vida, las sensaciones que producen el estar al lado del otro…
José Antonio Jiménez Hidalgo
Director Espiritual de la Hermandad de la O

