
¡¡Nuestros jóvenes hermanos ya están en Sevilla!!
Una semana después del inicio de la peregrinación a Roma, el grupo de jóvenes que con gran ilusión, fe y compromiso se desplazó a la ciudad eterna, donde junto a más de un millón de hermanos católicos, venidos de todos los confines del mundo, han participado de forma activa en los diferentes actos y cultos del jubileo de los jóvenes, ya vuelven a estar entre nosotros tras el largo viaje de regreso.
Atrás quedan las largas horas de viaje, las emociones compartidas, los silencios llenos de oración y las risas que solo se entienden entre quienes han vivido algo grande.
Termina un viaje inolvidable que ha sido mucho más que un simple desplazamiento: ha sido una peregrinación auténtica y una aventura espiritual para la que se han estado preparando durante todo un año con ilusión, entrega y esperanza.
Este Jubileo de los Jóvenes ha sido, sin duda, una experiencia profundamente transformadora. Ha permitido a nuestros jóvenes cofrades abrir los ojos y el alma a una Iglesia que se muestra viva, joven, diversa y universal.
Han podido contemplar, con emoción, la riqueza de una fe compartida por millones de jóvenes en todo el mundo, descubriendo cómo diferentes carismas y formas de vivir el Evangelio hacen de la Iglesia un mosaico vibrante, lleno de luz y color.
Ver, sentir, orar y celebrar junto a hermanos de distintos rincones, lenguas y culturas ha sido un regalo que quedará grabado en su interior para siempre.
Queridos jóvenes hermanos, os felicitamos de corazón por vuestro ejemplar comportamiento, por llevar con tanto orgullo y dignidad la bandera y el nombre de la Hermandad de La O, y por dar testimonio de vuestra fe con madurez y alegría. Vuestra presencia ha sido signo de esperanza para todos los que os han encontrado en el camino.
Agradecemos también de manera especial a la Delegación de Juventud por su firme apuesta por la formación integral de nuestros jóvenes y por dar ese valiente paso al frente, respondiendo con madurez y responsabilidad a la llamada del Santo Padre, dejando atrás la comodidad del hogar para encontrar a Cristo en el rostro de la Iglesia universal.
No queremos terminar sin mostrar nuestra más sincera gratitud a nuestro querido mayordomo, Rafael Arévalo, que ha guiado esta expedición con acierto, entrega y fe. Su liderazgo ha sido un reflejo de su compromiso como cristiano y de su corazón bondadoso, siempre dispuesto a servir y acompañar.
Estamos seguros de que Rafa se ha convertido para nuestros jóvenes, en estos días, en un referente en la fe imborrable y eso debe hacerle sentir profundamente orgulloso y satisfecho del trabajo realizado.
Bienvenidos, queridos hermanos. Esperamos deseosos escuchar vuestro testimonio de Dios, de cómo habéis visto y sentido al Señor en estos días de gracia.
Gracias por representar lo mejor de nuestra juventud y por recordarnos que la Iglesia sigue viva… y es joven.



