De nuestro Director Espiritual a los hermanos de La O
Viernes Santo. El Señor no está sólo. Está acompañado de todas nuestras miserias y deficiencias. ¡Cuánto peso hemos puesto sobre su cruz, cuando delante de nosotros, ha pasado por la vía dolorosa. ¿Qué ves, Señor, desde ahí arriba? ¡Veo el horizonte redentor! ¡Os veo a vosotros! ¡Veo a mi Padre! ¿Qué nos dices, Señor? ¡Os digo lo de siempre! ¡Os quiero! ¡Os amo! ¡Os perdono!
Viernes Santo. El peso de nuestras faltas, es insensible en la mano de Jesús. Paga un alto precio, su vida, pero lo hace consciente de su misión: vino para rescatarnos y…nos liberta en lucha con el mal, con la duda, con la noche oscura, con el cáliz amargo…..pero nos libera. Sólo quien se siente débil o pecador es capaz de estremecerse ante la verdad de la cruz. Nuestras fragilidades han hecho levantar en lo más alto del monte una cruz. Por nuestro amor muere el Señor y lo hace, no postrado en un lecho, sino desgarrado en una cruz. ¿Puede hacer alguien algo más por nosotros?
o Jesús, a su paso por nosotros, también quiso recoger todas nuestras firmas antes de subir a la cruz: se hico eco de las del rico y también de las del pobre; asumió la historia del enfermo y la del humillado; se enteró de la situación de la mujer pecadora. Nadie ni nada fue indiferente para Él. ¡Todo por el mundo y por el hombre!
o Jesús, en medio de la plaza de nuestra vida, puso una gran mesa. Una mesa en la que hemos aprendido a ser hermanos; a perdonarnos; a rezar y a vivir con los ojos mirando al cielo.
o Jesús, antes de emprender su subida a la cruz, se ha preocupado de vivir con nosotros, de compartir nuestra condición humana, de curar heridas, de poner muchas cosas en su sitio y, a Dios, en el corazón de muchos de nosotros.
Ahora no le queda sino ascender por aquellos que preferimos quedarnos en el llano. Ser exaltado en un madero por aquellos que preferimos ser aplaudidos desde mil palcos. Perdonar, por aquellos a los cuales nos cuesta torcer algo de nosotros mismo.
¡Gracias, Señor! Por subir, cuando nosotros no nos atrevernos
¡Gracias, Señor! Por bajar, a esos infiernos a los que estábamos llamados
¡Gracias, Señor! Porque, tus dolores, evitan los nuestros
¡Gracias, Señor! Porque, sin conocer el pecado, cargas con los de todos nosotros
¡Gracias, Señor! Porque pudiendo decir tanto, nos haces llegar escasas 7 palabras
¡Gracias, Señor! En la cruz, sigues empeñado en regalarnos: una Madre y un amigo, María y Juan
¡Gracias, Señor! En la cruz, haces lo que siempre nos enseñaste, ¡Perdónales, no saben lo que hacen!
¡Gracias, Señor! En la cruz se funde la llave del infierno para que, ningún hombre, pueda encontrarla y sólo se dé con la que abre las puertas del mismo cielo
¡Gracias, Señor! Porque, desde la cruz, la cuerda que sobra es empleada para rescatarnos y no dejarnos abandonados a nuestra suerte.
¡Gracias, Señor! ¡Qué gran amor!
¡Gracias, Señor, porque tu cruz es el camino de la resurrección!
José Antonio Jiménez Hidalgo
Director Espiritual de la Hermandad de la O

