Carta de nuestro Hermano Mayor para este Viernes Santo

Noticias Hermandad de la O

Queridos hermanos y hermanas de La O:

Felicidades porque hoy es Viernes Santo.

El Viernes Santo más atípico y distinto para todos, tanto para los jóvenes como para los más veteranos; un Viernes Santo que quizá nunca imaginamos que podríamos vivir; un Viernes Santo presidido por la renuncia y de verdadera penitencia, en el que siquiera vamos a tener el consuelo de sentir sobre nuestros hombros la suave caricia del raso morado de nuestra singular túnica, ni tampoco vamos a poder ofrecer nuestra oración más cercana, casi al oído, a nuestros sagrados y amantísimos titulares.

Un Viernes Santo en el que no podremos mirar frente a frente al Señor y a la Virgen, buscando en sus ojos el bálsamo caliente que cura nuestras heridas del alma, las que hemos ido guardando a lo largo de todo un año para ponerlas hoy a sus plantas como testimonio de penitencia.

Quizás podáis llegar a pensar que la oración íntima o las intenciones personales de la estación penitencial de cada uno de vosotros, ya sea revestido con la túnica de nazareno, bajo las trabajaderas, portando una insignia, un cirial o en cualquier otro lugar del cortejo procesional, se perderá en el abismo de un año entero de espera.

Nada más lejos de la realidad, porque el Señor, que ve en lo escondido, y la Santísima Virgen de la O que con su maternal amparo, intercede siempre por nosotros, las harán suyas pese a no poder cumplir con nuestro testimonio público de fe acompañados por Ellos.

Si nos honramos de ser seguidores de Jesús Nazareno, hoy más que nunca, tenemos que abrazar su Cruz y ser cirineos suyos. Esto debemos hacerlo con la Esperanza de que en ella, la Cruz que Él lleva sobre sus hombros cada Viernes Santo, está nuestra salvación.

Es cierto que esta tarde el Señor no sentirá el peso de la Cruz de carey y plata sobre sus benditos hombros, pero nos pide a todos que esa Cruz no quede inerte en el altar que la guarda durante todo el año, antes al contrario, el Señor nos pide a los hermanos y hermanas de La O que, testimonialmente, carguemos con ella y así, entre todos, nos resulte más llevadera la pesadumbre que sentimos.

Hoy una gran adversidad hace que nuestros corazones estén ciertamente sumidos en una profunda aflicción, pero hemos de sobreponernos y apelar al sentido cristiano y a la templanza y fortaleza del que los hermanos y hermanas de La O siempre hemos hecho gala a lo largo de los siglos y que nos confieren una personalidad propia y característica.

Nuestra historia, queridos hermanos, está jalonada de acontecimientos que, no en pocas ocasiones, han supuesto duras pruebas. En todas ellas, nuestros predecesores y después nosotros mismos, hemos sido siempre capaces de dar testimonio de Fe, de unión fraterna y sobre todo de Esperanza.

La Divina Providencia nos da la oportunidad de encontrarnos nuevamente con nuestra singular manera de afrontar las vicisitudes; de estar a la altura de nuestra propia historia, y de los que la escribieron.

Seamos dignos sucesores de quienes nos dieron el mejor ejemplo de superación ante lo adverso, como aquellos hermanos nuestros que levantaron, con sus propios medios, empleándose como mano de obra, el que hoy es nuestro templo, nuestra casa, la de todos y a la que pronto volveremos.

O como aquellos otros cofrades de La O que, no disponiendo de recursos, prefirieron renunciar voluntariamente a la Estación de Penitencia para que así se pudieran celebrar con la dignidad necesaria los Santos Oficios de Jueves y Viernes Santo.

Hoy, como aquellos, vamos a renunciar a nuestra Estación de Penitencia y lo vamos a hacer con dolor, sí, pero también con la certeza de que no será vano nuestro sacrificio, porque a buen seguro contribuirá a erradicar definitivamente esta pandemia y a la noble causa de salvar vidas, el bien más preciado que Dios le entregó al hombre.

Por último, hermanos míos, en nombre propio y en el de la Junta de Gobierno, os invito a que, en estos momentos de renuncia a lo más querido y más esperado, seáis vosotros verdaderos portadores de Esperanza allí donde sea necesaria, a que tengáis un rato de oración para los enfermos y fallecidos a causa de esta terrible pandemia y sobre todo a que os ejercitéis en la fe para que ésta salga reforzada de la exigente prueba que este año Dios nos pide.

Sí hermanos, hoy es Viernes Santo y pese a todo el dolor que nos rodea y tiñe de gris el horizonte siempre hay un motivo para la Esperanza. Debemos sentirnos felices en la certeza de que se hará la Luz, Cristo Resucitará para salvar al género humano y nos salvará.

Recibid el fraternal abrazo y el profundo agradecimiento de vuestro hermano mayor por el hermoso ejemplo de unión, fidelidad y amor a la Hermandad del que estáis haciendo gala en unos momentos tan difíciles para todos.

Siempre a vuestro servicio.

 

Hermano Mayor

Francisco Javier Fernández González

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