
La religiosidad o piedad popular es un fenómeno que se da en todas las religiones y que por supuesto puede ser estudiado desde ciencias muy diversas, por ejemplo desde la historia de las religiones, la antropología, la psicología, la teología y la pastoral entre otras.
Cuando cientos miles de hombres de todas condiciones y de todos los niveles culturales en manifestaciones masivas o en ocasiones puntuales o en un reguero interminable de días y horas, acuden a lugares de culto santificados por el silencio, el sacrificio y la oración, algo muy serio y profundo debe existir en el alma de los hombres. Quizás todos están diciendo, cada cual a su estilo, y desde su óptica aquello de San Agustín: “Nos has hecho, Señor, para Ti y está inquieto nuestro corazón hasta que descanse en Ti”.
La Religiosidad popular con sus muchos valores ofrece también sus limitaciones y sus innegables aspectos negativos, como cualquier otro grupo humano. Por eso, urge una pastoral inteligente y llena de amor hacia sus muchos aspectos positivos y valores espirituales y humanos. También somos conscientes del esfuerzo de los que se empeñan en vaciarla de su contenido religioso y cristiano por motivos diferentes.
La Religiosidad popular es un hecho auténticamente religioso, humano y universal. Además es necesaria, porque la religión no permanece en el campo puramente abstracto, sino que es vivida por el pueblo, por la comunidad humana que tiene en común una cultura, con sus símbolos y expresiones particulares. Una religiosidad es popular cuando se configura con el pueblo (inculturación) y lo manifiesta como me he referido antes, a través de sus símbolos, expresiones cultuales, etc.
No puede haber una religión que lo sea exclusivamente de élites, o una religión puramente interna y personal, y que no tenga manifestaciones comunitarias. Toda verdadera religión tiene necesidad de la Religiosidad popular y gracias a ella entre otras cosas, pervive y se salva. Toda Religiosidad popular está íntimamente ligada a elementos culturales y étnicos. Posiblemente sea difícil señalar el límite de donde termina el hecho religioso y donde comienza el hecho popular. Esta es la riqueza de valores que contiene sin duda, la Religiosidad popular.
En Sevilla, la Religiosidad popular, que aquí la centramos a través de la Hermandades y cofradías, es en muchos casos, el “depósito de la fe vivida por el pueblo” que se transmite de padres a hijos, de generación en generación. Siempre han existido Hermandades y Cofradías en el ámbito cristiano, católico (…).
En occidente, en los primeros siglos, estos grupos religiosos servían de apoyo para la vida cristiana y un socorro o alivio para después de la muerte, por eso también tenían igualmente un carácter funerario. A partir de la Edad media, surgirían Cofraternidades religiosas, impulsadas para vigorizar y acompañar la vida religiosa de los fieles cristianos. Hay Cofradías de tipo piadoso, devocional, de caridad, penitenciales, para mantener la pureza de la fe, para el mantenimiento de la paz, cofradías también asociadas a sectores profesiones, gremiales. Las Órdenes mendicantes impulsaron y tuvieron una estrecha relación con este tipo de de “Cofradías”.
A partir del s. XVI, con la Reforma de Lutero, la Iglesia católica, en la llamada Contrarreforma, encontró la necesidad de crear Asociaciones o Cofradías que faciliten la defensa de la fe, evitando así numerosas deserciones y abandonos. La Iglesia ofrece su protección materna y los cristianos se sienten más seguros asociados corporativamente y organizados en estas cofradías. Otro punto atacado por los protestantes, es el culto y la devoción a la Santísima Virgen y a los Santos, por eso surgen Congregaciones y Cofradías de la Santísima Virgen María y en honor de los Santos.
Nuestra Hermandad de la O, nació en Triana, al amparo de la devoción a María Santísima de la O. Es más, nuestra parroquia trianera, viva y centenaria, que se erigió canónicamente en 1911, aunque ya en el s. XVI hacía labores parroquiales, actualmente la más antigua y con más solera de Triana después de la Real parroquia Señora Santa Ana, tiene como titular, patrona y protectora a la Virgen de la O[1]. En diciembre celebramos nuestros cultos, no los dejemos pasar sino que acudamos con alegría, fervor y amor, y veneremos con fe y esperanza a nuestra Madre de la O.
No olvidemos que es una devoción que está muy unida a la espiritualidad y la liturgia de adviento-Navidad. A este respecto, a la relación entre liturgia y piedad popular, quiero recomendar vivamente la lectura del Directorio sobre la piedad popular y la liturgia que promovió San Juan Pablo II en el año 2002.
Continúan en esta época, las Cofradías gremiales y también nacen las de carácter militar, muchas de ellas se comprometían a vivir una vida ejemplar y dar su vida en defensa de la fe católica y a la obediencia plena del Papa y los Obispos. La vitalidad y la pujanza de las Cofradías en los siglos XVI al XVIII son enormes. A partir del s. XIX, resurgen antiguas Cofradías y nacen otras nuevas, de tipo mariano, sacramental, devocional, tal como las conocemos actualmente. El florecimiento de las Hermandades y Cofradías son una expresión viva de la religiosidad popular, de la afirmación de la fe del pueblo sencillo impresionante.
No obstante sabemos que hay mucha gente, incluso en Sevilla, que tiene unos prejuicios enormes (yo diría también casi enfermizos e irracionales) respecto a las Hermandades y Cofradías, a veces fruto de una actitud cerrada e integrista de la religión, de un rigorismo excesivo en la vida cristiana y de una visión de la fe y de la religión individualista y poco eclesial.
Nuestra Archidiócesis en las Orientaciones pastorales de este curso 2019-20 centra todos sus esfuerzos en las bondades (por supuesto, también hay cosas que cambiar, purificar y potenciar) que tiene la llamada “Piedad popular” y en potenciar el servicio evangelizador que nuestras Hermandades y Cofradías realizan en nuestra Archidiócesis de Sevilla.
Quiero terminar este artículo con algunos fragmentos de las Orientaciones pastorales, que pueden ayudar a nuestra Hermandad de la O, a vivir y a llevar a cabo este objetivo pastoral de nuestra Archidiócesis. Sin duda un reto para el nuevo Hermano mayor y Junta de Gobierno que comenzó su singladura el pasado mes de noviembre.
[1] A este respecto me remito a un artículo que escribí a los Hermanos de la O en septiembre de este año 2019, titulado “¡Mi Dios está vivo…y mi parroquia de la O también!” y que pueden encontrar en el blog hermandaddelao.es
Hemos de buscar que los hermanos que viven la piedad popular, mayoritariamente en las hermandades, tengan un encuentro personal con Jesucristo. Este debe ser el fin último del trabajo pastoral, desarrollando una personalización creciente de la experiencia cristiana. El Papa Francisco escribió que las hermandades deben ser “fragua de santidad”, cuidando la formación cristiana, la oración personal y comunitaria, la vida sacramental y el compromiso con los pobres. Deseamos que todos los miembros del pueblo fiel tengan un contacto más directo con la Palabra de Dios y una mayor participación en los sacramentos, sobre todo en la celebración dominical de la Eucaristía, para que puedan madurar en sus compromisos eclesiales y ciudadanos.
Debemos esforzarnos para que las hermandades ofrezcan un ámbito comunitario concreto dentro de la Iglesia. La casa de hermandad debe ser, prioritariamente, un lugar de encuentro y convivencia cristiana, y no sólo un espacio para el encuentro social y el ocio de los hermanos. La organización de pequeñas comunidades o grupos de vida, donde se pueda seguir un itinerario de crecimiento en la vida cristiana hacia la santidad, en línea con la primera opción de las Orientaciones Pastorales, no es contradictoria con las manifestaciones masivas de la religiosidad popular. Son dos formas de cultivar la pertenencia a la Iglesia de un modo afectivo y efectivo. Es necesario evangelizar y catequizar adecuadamente a muchos que viven un catolicismo popular debilitado.
Que Nuestro P. Jesús Nazareno, el Verbo encarnado y su bendita Madre, María Stma. de la O, interceda por nosotros, proteja a nuestras familias y a nuestra archicofradía por siempre.
(Fragmento del artículo publicado en el Boletín “Nazareno” de diciembre de 2019)
José Antonio Jiménez Hidalgo, director espiritual de la Hermandad de la O

