
La portada
Bienvenido a la iglesia parroquial de Nuestra Señora de La O. Desde el punto de vista de su emplazamiento, el espacio que ocupa está limitado fundamentalmente por la margen del río Guadalquivir y por la calle Castilla, viejo camino real y entrada natural a Sevilla de quienes venían del norte. Estas circunstancias no sólo limitaron la amplitud y proporciones del templo, sino también alguna de sus características formales. Comenzando por el exterior, el resultado de las formas construidas cristaliza en una fachada sencilla a la calle Castilla, sin alterar la alineación de las fachadas del vecindario.
Sitúese frente a la puerta principal del templo.
De líneas elegantes, está realizada en mármoles negros y encarnados. Se trata de una pieza labrada por Antonio Gil Gataón, que se dispone a partir de dos pilastras toscanas con sus correspondientes traspilastras que enmarcan el arco, todo ello sobre podios y a las que superponen dados de entablamento con el consiguiente triglifo. El remate se efectúa mediante un frontón triangular y roto que cobija una cartela con el escudo de La O timbrado de corona y flanqueado de dos figuras infantiles labradas en argamasa.
La Torre
La elegante y fina torre que ven a su derecha es uno de los elementos más singulares de toda la construcción. Arranca con un primer cuerpo casi cúbico que se dispone sobre la cornisa de la fachada, partiendo de un machón que le sirve de caña y en el que se intercalan diversos vanos de iluminación con retablos cerámicos que son literalmente un compendio de la identidad e historia de la Archicofradía.
De entre ellos sobresale el que reproduce la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno ya que es el retablo más antiguo en el que se representa el titular de una cofradía sevillana. Es del año 1760.
El cuerpo de campanas y el remate en chapitel que hoy se contemplan son el resultado de dos etapas. La primera de ellas coincidente con el momento de la edificación de la iglesia en 1699 y el segundo como consecuencia de la reconstrucción a la que fue sometida tras el terremoto de Lisboa en 1755.
El campanario presenta cuatro vanos de medio punto enmarcados por molduras para albergar las campanas. La articulación de este volumen se resolvió mediante un podio de planta cuadrada con entrantes y salientes donde se alojan tableros cerámicos. Configuran el alzado medias columnas salomónicas con el imoscapo recto y acanalado, que se apoyan en traspilastras.
Pase al interior del templo y colóquese delante del órgano, mirando al altar mayor.





