
Queridos hermanos y hermanas de La O:
Me dirijo una vez más a vosotros con el deseo de que os encontréis bien de salud y de que, en la medida de lo posible, hayáis podido disfrutar del período estival que, poco a poco, va quedando atrás en el calendario.
Como es costumbre, pasado este tiempo, la Archicofradía Sacramental de La O se prepara para afrontar un nuevo curso cofrade y lo hace como siempre lo ha hecho: con renovadas ilusiones y confiada en el Señor.
Es cierto y a nadie se le escapa, que la situación por la que estamos atravesando es complicada y afecta a todos los ámbitos de nuestra sociedad. Estamos asistiendo diariamente a episodios verdaderamente dramáticos, ya sea a través de los medios de comunicación o en nuestro propio entorno. Oímos conmovidos las cifras de los fallecidos a consecuencia de este maldito virus o la de las empresas que se han visto obligadas a desaparecer, con las consiguientes secuelas económicas para muchas familias que lo están pasando realmente mal. Escenarios todos ellos que nos hielan el alma.
Nuestras hermandades no están al margen de estas contrarias circunstancias y ante semejante panorama también sufren sus consecuencias, viéndose afectadas de lleno en su normal desarrollo. Ante esta tesitura, la Hermandad tiene que dar un paso adelante y ponerse más que nunca al servicio de sus hermanos para que, junto a la Junta de Gobierno, asumamos entre todos esta situación con firmeza, con responsabilidad, pero sobre todo con un profundo sentido cristiano.
El ejercicio que, Dios mediante, inauguraremos mañana día 25 de septiembre con la celebración de la Eucaristía a cargo de Don Oscar Díaz Malaver, nuestro nuevo Párroco y Director Espiritual, al que aprovecho estas líneas para darle la bienvenida, y una posterior conferencia a cargo de Don Álvaro Cabezas García, será sin duda muy distinto a los que hemos tenido la oportunidad de vivir en los últimos años, pero no por ello menos intenso en el constante ejercicio de cultivarnos en torno a la luz del Evangelio.
Las medidas de seguridad impuestas por las Autoridades Sanitarias, los necesarios principios de responsabilidad y prudencia que deben marcar siempre el buen discurrir de la Hermandad y también, por qué no, la solidaridad con aquellos que luchan a diario para vencer la enfermedad y con los que hemos de colaborar estrechamente para que ese momento este cada vez más cercano, condicionarán el normal desarrollo de algunas de las actividades que ya se venían realizando durante los últimos años y otras nuevas iniciativas que había previstas poner en práctica dentro del presente ejercicio.
Ante esta realidad hemos de apelar siempre a la Esperanza y perseverar, más que nunca, en aquellas actividades que sí deberán llevarse a cabo por cuanto se puede garantizar la integridad física de sus participantes y forman parte de la esencia y de la propia razón de ser de la Archicofradía como son aquellas íntimamente relacionadas con el ámbito cultual, formativo y social.
Esto, que a priori puede parecer una merma en cuanto al número de ocasiones en las que podamos alimentar nuestro sentido fraterno, debemos entenderlo, por el contrario, como una oportunidad única para focalizar todo nuestro esfuerzo en crecer como hermanos y en lo que verdaderamente supone y da sentido a nuestra pertenencia la Hermandad de La O.
Si este año, de manera transitoria, no podemos disfrutar como nos gustaría de nuestras dependencias, que no sea eso motivo para no seguir permaneciendo unidos como hasta ahora. Os animo a todos a trasladar la intensa vida de Hermandad a la que estamos acostumbrados, al templo; a vivir con intensidad la Eucaristía semanal y la Adoración al Santísimo. A vivir con verdadera unción sagrada los cultos a nuestros sagrados titulares; a cultivarnos en valores cristianos por medio de las actividades formativas programadas y a tener presente en todo momento a los que más necesitan de nuestra oración o de nuestra ayuda material.
Hermanos y hermanas de La O, no existe mejor ocasión para el cofrade, de cara a establecer y fortalecer el vínculo fraterno que nos une e identifica, que el culto divino. La celebración comunitaria de la Eucaristía como eje vertebrador de la vida de Hermandad adquiere, en el ejercicio que vamos a comenzar, una dimensión extraordinaria porque en él vamos a encontrar todo lo necesario para seguir creciendo en la fe.
Un fuerte abrazo de vuestro hermano y servidor.
Javier Fernández
Hermano Mayor



